Un niño precioso
El más
nefando pecado de Hubbard fue haber atormentado a niños pequeños: secuela de lo
que le hicieron de niño. El barco de Hubbard, pintado de blanco inmaculado, era
considerado por sus adeptos el lugar más cuerdo del mundo. Pero quienes no
pertenecían a la tripulación ignoraban que el Apollo contaba con calabozos.
En
1967, por orden de Hubbard, Tony, un niño travieso de cuatro años, fue
encerrado casi dos días en la cámara de la cadena: un lugar oscuro, lóbrego y
maloliente que debió parecerle a Tony el interior de la nave de Alien. Tony se encontraba "fuera de
ética": había caído de la gracia de Hubbard. Su madre, una ferviente
ciencióloga, había confiado a su pequeño a la Org del Mar y cuando visitó el Apollo se horrorizó al ver que su hijito
estaba encerrado en el calabozo. Los oficiales le explicaron a la mamá que el
niño de cuatro años "era un tetán muy viejo con un cuerpo joven" y que "no se
le debía permitir usar su joven cuerpo para inspirar compasión". El siguiente
año Hubbard ordenó que una niña fuera encerrada en el calabozo. Esta vez el
castigo duró una semana. Los testimonios sobre estos sucesos provienen de ex
cienciólogos que vivieron en el Apollo:
John McMaster, John Ausley y otros.
Ausley
cuenta que Hubbard tenía a su disposición un bravucón llamado Otto Roos, quien
se encargaba de castigar a los niños y adolescentes del barco. Cierta ocasión
Roos agarró a un chico por osar dormir cuando supuestamente debía trabajar y lo
dejó caer, dormido, desde una altura de aproximadamente metro y medio. En
palabras de Roos mismo: "La severa disciplina inició en septiembre de 1967,
cuando la condición de no existencia fue acompañada por la penalidad de
privación de comidas". "No existencia" es otro de los estados pecaminosos que,
en la Org del Mar, requiere de acción disciplinaria (los otros grados fueron mencionados
en capítulos anteriores). Que Hubbard ordenaba directamente el encierro de
niños en la cámara de la cadena fue atestiguado, además, por una de sus
ninfetas mensajeras, Tonja Burden. En 1974 Tonja tenía trece años cuando
trabajó para el comodoro. Años después, en una declaración jurada Tonja
escribió: "Vi a un niño mantenido ahí por treinta noches llorando y suplicando
que lo sacaran" (debido a sus declaraciones Tonja sería sometida a la Política
de Caza Legítima de la iglesia). En otra ocasión Hubbard le pegó a un chico
hasta doblarlo. Según cuenta la misma Kima Douglas:
Dos
veces lo vi físicamente violento. Le dio un manotazo a un niño que le había
replicado y lo abofeteó en la cara con la mano abierta. Lo noqueó cayendo a sus
pies.
A
pesar que le envié por correo electrónico a Germán testimonios de este tipo, es
alarmante ver cómo él y sus correligionarios se niegan a ver al monstruo que habitaba en Hubbard. Duele horrores que mi
hermano lo vea como Hubbard se describía a sí mismo. En su artículo de 1965, Mantén funcionando a la Cienciología, Hubbard escribió: "No hay grupo más ético en este planeta que nosotros". Un
eslogan publicitario de los años ochenta, cuando Hubbard aún vivía, decía que
la iglesia era "el lugar más amigable del mundo". Este tipo de crueldades y
declaraciones en que se dice exactamente lo opuesto a un público infantil que se lo traga todo
es un conocido patrón entre sectarios y políticos. El duelo sano de la víctima
implica escribir epístolas acusatorias al abusivo progenitor, como la carta al
padre de Kafka; o aún mejor, el autoanálisis de John Modrow. Cuando se elude el
duelo la víctima se ve compelida a repetir el vapuleo en la siguiente
generación de hijos. Al igual que muchos otros gurús, Hubbard desplazó su ira
contenida no sólo hacia sus hijos, sino hacia otros niños.
Un caso que escandalizó a la opinión pública fue el de la adolescente Susan Meister. Aparentemente Susan se dio un balazo en la frente a bordo del Apollo, aunque su padre siempre afirmó que había sido asesinada. Hubbard no se cansó de reiterar que cuando alguien hace este tipo de acusaciones eso significa que el denunciante, no la iglesia acusada, está cometiendo un crimen. (Yo mismo escuché esta doctrina en boca de un patrocinador de CCHR cuando me darían una iguala mensual por mis servicios de asesor externo.)
El pequeño Ron con sombrero
de marinero
[si no se ve esta imagen dar clic aquí]
Las
fotografías de Hubbard de pequeño lo muestran muy gracioso. Sus padres
socavaron la autoestima del precioso niño que, de adulto, se metamorfoseó en su
antítesis. Su técnica le sirvió para mantener enterrada su cabeza en la arena y
no cobrar conciencia de las aberraciones de su crianza, o para usar su
lenguaje, de sus enturbulaciones. Incluso en sus novelas de ficción, como en Final blackout, el personaje déspota
llamado Lugarteniente parece ser el alter ego del Hubbard adulto.
El
mantra que Hubbard y sus epígonos repiten como loros es que, como la "tech" es
infalible, quien ose cuestionarla sólo está tratando de esconder sus crímenes. Esto
no sólo es lenguaje cifrado de la manera como Hubbard fue maltratado de niño,
sino de cómo los cienciólogos de hoy día fueron tratados en sus infancias o
adolescencias.