La causa de la locura de Hubbard
Bueno, papá estaba loco como una cabra.
Ron Hubbard Jr.
Hubbard
desarrolló su técnica por el deseo oculto de que alguien lo tratara. El hecho
de que se preocupara tanto de engramas prenatales y vidas anteriores denota una
evasión del problema. Divagar en esos temas fue un artilugio para eludir su
pasado: un pasado que sólo vislumbraron sus más íntimos confidentes. Ron Hubbard
Jr. escribió algo sobre los casos que aparecen en Dianética, el libro más vendido de su padre:
Leer estas
"historias de casos" me hace sentir mal. Parecen revelar más acerca de mi padre
que de la gente que supuestamente estudió. Desde hace mucho he sido capaz de
enfrentar el hecho de que, independientemente de la funcionalidad de la terapia en
Dianética, las vergonzosas y terribles "historias de casos" eran en su mayoría
ornamentos de sus propias experiencias.
El
concepto hubbardiano de "persona supresiva", frecuentemente abreviado SP por
sus siglas en inglés incluso por cienciólogos hispanohablantes, es central en
su doctrina: un intento velado de Hubbard de hablar de sus padres,
especialmente de su madre. Pero jamás se atrevió a escribir de sus dolores
tempranos. Estaba atrapado en su época. La denuncia de los malos tratos parentales
inició en la década de los ochenta. Para entonces Hubbard ya estaba viejo. Había
pasado su vida adulta en mecanismos elusivos de defensa: técnicas que no sacan a
la luz pública, sino que entierran, el dolor de la niñez. En los escritos de
Hubbard "persona supresiva" significaba originalmente alguien estancado en un
evento traumático del pasado que, sin saberlo, impone a otros. El supresivo
intenta manejar un desastre ocurrido tiempo atrás, por lo que trata a sus
cercanos como si ellos, no los agresores reales fueran las
traumáticas situaciones de esos tiempos.
Los
padres de Ron: Ledora May Hubbard y
Harry
Ross Hubbard en uniforme de la marina
[si no se ve esta imagen dar clic aquí]
Debo
decir que, a diferencia de otras ideas hubbardianas, este concepto no es un
desatino. Es una observación aguda de la mente humana. De hecho, los estudiosos
de padres abusivos han llegado a idénticas conclusiones. No obstante, la
patología de Hubbard estriba en el hecho que él mismo solía comportarse como un
supresivo. Por ejemplo, la manera en que sus padres lo trataron de adolescente
repudiando su vocación de escritor lo repitió Hubbard con Quentin: repudiar su
vocación de piloto aeronáutico. Quentin había querido alejarse de la religión
que creó su padre. Hubbard quería que su hijo hiciera carrera en la iglesia y
ascendiera en la escala jerárquica. Quentin cayó en una depresión al grado de
intentar suicidarse con píldoras (historia que me recuerda la
película La sociedad de poetas muertos). En vez de entender la señal de alarma, Hubbard revictimó a su hijo confinándolo
a su cabina por tres semanas. Luego lo asignó a un proyecto de castigo de
invención suya llamado Rehabilitation
Project Force.
En
México, y en otros países también, los cienciólogos generalmente no traducen
este concepto: lo denominan por sus siglas. La RPF es un castigo que se aplica
a los miembros de la Organización el Mar (a los empleados comunes se les
disciplina a través del Proyecto de Enmiendas, y cuando la iglesia le hace la
guerra a un crítico externo recurre a otro tipo de medidas). La RPF inició en 1974 para quebrantar la
voluntad del cienciólogo que había hecho su contrato de servir indefinidamente
a la Org del Mar. Aunque algunos apologistas de la iglesia alegan que la acción
disciplinaria es voluntaria, en el barco de Hubbard se llegó a aplicarla por
querer abandonar la organización. Como los sambenitos de la España y la Nueva
España inquisitorial, a los cienciólogos penitentes se les obligaba a portar
una vestimenta negra de caldera, incluso en los tiempos más calurosos. En esta
"org", la más severa de la iglesia, hay una gradación de pecados para quien se
encuentra "fuera de ética". El pecado llamado "emergencia" es el más venial de
todos. La "deuda" es considerada más grave, y el estigmatizado ha de mostrar
una banda gris en el brazo. "Traición" conlleva una marca negra en la mejilla y
"duda" a un estado de incomunicación. El más grave, "enemigo", se reserva a los
herejes y a los detractores de la iglesia. A éstos se les aplica la Fair Game Policy y la persona puede
cazarse en buena lid. Los cienciólogos son reacios a traducir sus políticas
represivas. Ocasionalmente le llaman "Caza no Vedada" a la Fair Game Policy, pero en lo personal prefiero traducirlo como "Política
de Caza Legítima". En lo que respecta a los "delitos" menores,
los que cometen los cienciólogos que no han roto con la iglesia, la justicia en
Cienciología se asemeja más a la de tribunales militares que a juzgados donde
hay civiles que pueden seguir el juicio. Ni siquiera los cienciólogos comunes y
corrientes pueden revisar la evidencia y los testimonios. En un audio grabado
sobre el Curso de Doctorado en Filadelfia, Hubbard pronunció estas palabras:
¿Leyeron
alguna vez al pobre del viejo George Orwell y 1984? Bien, bien, eso es magnífico. Eso sería [...] la sombra más
pálida imaginable de lo que sería del mundo si estuviera bajo el dominio del
uso secreto de Cienciología.
Después
de la muerte de Hubbard el citado pasaje fue borrado del audio bajo órdenes de
David Miscavige.
Hubbard
trató a sus detractores como su madre lo trató de niño. Mientras presidía su
imperio la iglesia intentó destruir a la periodista Paulette Cooper, quien
había tratado de denunciar los crímenes de la iglesia. Los secuaces de Hubbard
le aplicaron la Política de Caza Legítima. Esta es una de las historias más
ruines de la organización de Hubbard. Por cinco años Paulette luchó sola contra
una iglesia mucho más poderosa que una mujer aislada. A través de falsos cargos
consiguió que fuera legalmente acusada. Al tener que contratar a abogados que
la defendieran de los espurios cargos, Paulette estuvo al borde de la
bancarrota. Una vez publicado su libro, The
scandal of Scientology, copias del mismo fueron robadas de las bibliotecas
por los fanáticos de Hubbard, quienes llegaron al extremo de comprarlas de
segunda mano en librerías del viejo para destruirlas. Paulette misma fue
amenazada de muerte, por primera vez en diciembre de 1969. El celo con que los
secuaces de Hubbard aplicaron la Política de Caza Legítima a Paulette me
recuerda a los cristianos de los siglos IV y V que destruyeron los libros de
Celso y Porfirio, los detractores de la iglesia cristiana: una política que dio
inicio a la edad de la oscuridad. Todo un capítulo sobre la "caza legítima" de
Paulette puede leerse en el libro de Bent Corydon. Pero a mi juicio el punto
crucial es que la intolerancia ante la crítica es un introyecto de cómo la
madre de Hubbard intentó controlar a su hijo. El acto "supresivo" de la iglesia
de Hubbard pudo ser resonancia de cómo fueron tratados tanto el joven Hubbard de otros tiempos, como los oficiales de la iglesia que se ensañaron con Paulette.
En
altamar Hubbard podía aplicar las sanciones de Rehabilitation Project Force a su antojo. En esos tiempos la RPF podía llegar a durar dos años, y las penalidades
incluían privación de las horas normales de sueño; privación de raciones
comunes de comida, y la asignación de ardua labor física. Desde que Hubbard
realizara experimentos psicológicos con Sara Northrup, su segunda esposa,
parecía estar obsesionado con la privación del sueño. Sara no sólo huyó de su
marido y de sus técnicas de control mental sino que, como dije, planeó
internarlo en un siquiátrico. Pero a Hubbard le resultó cosa fácil aplicar la
RPF y el tormento de la privación de
sueño a los miembros de su Org del Mar. Imitando a Beria, el jefe de la policía
secreta de Stalin, Hubbard escribió:
Al
rebajar la resistencia de una persona por constante degradación y difamación es
posible inducir, de esta manera, un estado traumático que recibirá adecuadamente
cualquier orden que se le dé [...]. En el animal la lealtad primaria es hacia
sí mismo. Esto es destruido al demostrarle los errores en él.
A mi
modo de ver, aquí se vuelven a percibir resonancias de cómo lo trató su madre. Hubbard
le exigía a sus fieles que cada vez que tuvieran un pensamiento crítico sobre él o
su iglesia "lo reboten cual bala". Esto es, que en el mismísimo instante
pensaran que el hecho de tener semejante pensamiento significa que ellos, no Hubbard albergaban lo que él llamó "crímenes ocultos". Cuando
confronto a algunas personas disociadas por su conducta abusiva, algunos inmediatamente
rebotan cual bala mi crítica para hacerme ver defectos míos que sólo ellos
imaginan. Eso alimenta mi hipótesis que en cierta manera el citado pasaje de
Hubbard es resonancia de su pasado. John Ausley, quien llegara a uno de los más
altos niveles en la Org del Mar y quien contó una de las anécdotas de arriba,
escribió que Hubbard "implementó esta regla: que si cualquiera decía algo malo
sobre él había cometido un acto traicionero contra toda la humanidad", y a
renglón seguido cita unas palabras de Hubbard mismo:
¿Por
qué están viendo algo malo en mí? ¡Eso sólo significa que hay algo
terriblemente malo en ti!
El
objetivo de rebotar los pensamientos críticos cual bala era producir, y cito una
expresión de Hubbard a su primogénito, souls
turned inside out, almas volteadas cual calcetín por así decirlo. Como en
los procesos de Moscú, Hubbard quería inducir sentimientos de culpabilidad ante
el más leve signo de deslealtad.
Para
el cienciólogo leal es imposible albergar un pensamiento crítico sobre Hubbard,
de igual manera como para los comunistas de otros tiempos era imposible
albergar pensamientos críticos sobre Marx o Lenin. Los adultos inmaduros abrazan
la doctrina de infalibilidad absoluta de la figura de autoridad, como los
católicos que creen en los pronunciamientos ex cátedra del papa;
y exactamente lo mismo sucede con quienes creen en los gurús de la
nueva era. Bajo esta luz, la ética hubbardiana no es otra cosa que haber
internalizado la manera arrogante, dictatorial y pontificia como lo trató su
madre. Estoy convencido de esta interpretación porque los regaños en que el
agresor voltea su culpa y proyecta masivamente su patología sobre sus víctimas
son un retrato perfecto de la dinámica que he observado en algunos parientes y
cercanos, como mostraré en otro lugar.
Ni Russell Miller ni Jon Atack,
sus biógrafos críticos, incursionaron en el por qué de la psicosis de Hubbard. No
obstante, aunque de manera esparcida la biografía de Miller contiene datos para
intuir la tragedia de su biografiado. En páginas anteriores vimos, por ejemplo,
que después de una confesión de Hubbard a Jim Dincalci éste se quedó con la
impresión de que su infancia había sido desgraciada; que "mucha amargura había
ahí sobre sus padres". Recordemos también que, según Barbara Kaye, Hubbard "bebía
excesivamente" y que "hablaba en la proporción que tomaba". Fue precisamente a
su amante Kaye a quien Hubbard le confesó el odio que sentía hacia su madre. En
su diario íntimo Kaye escribió: "Es un hombre profundamente infeliz". Tan
infeliz que aún cuando presidía su imperio Bill Robertson observó: "Me dijo que
no tenía más ganancias y que quería morir. Eso fue lo que dijo: ‘Quiero morir’".
Y a la ciencióloga Adelle Hartwell le impresionó verlo, ya en sus sesentas,
"quitándose el sombrero, pisarlo a zapateadas y llorar como un niño".
Las
acciones disciplinarias para cienciólogos en la Org del Mar reflejan lo que la
psicóloga suiza Alice Miller ha llamado pedagogía negra: la manera como los
padres abusivos programan la mente de sus hijos. La Política de Caza Legítima
es otro ejemplo. Su código estipula que al crítico de la iglesia hay que
perseguirlo hasta que quede moralmente destruido. Reemplácese "crítico de Cienciología"
por "disidente de los valores parentales" y se verá una calca exacta de cómo,
en buena lid, las madres supresivas cazan a sus hijos o hijas adolescentes
hasta que queden moralmente destruidos. Las
palabras textuales de Hubbard en inglés sobre su Política de Caza Legítima (Fair Game Policy) son las siguientes. Según Hubbard, quien ataque a su iglesia:
"May be deprived of property
or injured by any means by any Scientologist without any discipline of the Scientologist. May be tricked, sued or lied to or destroyed." (Se le puede privar de su propiedad o ser lastimado
por cualquier medio por cualquier Cienciólogo sin que ninguna acción
disciplinaria se emprenda contra el Cienciólogo. Puede ser embaucado, demandado,
difamado o destruido.)
Aunque
la Política de Caza Legítima se les oculta a los principiantes, en otro libro
de texto que estudió mi hermano, Introducción
a la ética de Cienciología, hay un apartado titulado "Pasos para manejar a
la persona supresiva" donde ya se asoma la intolerancia de la iglesia. Uno de
los pasajes dice lo siguiente:
Actos
supresivos son evidentemente aquellos actos encubiertos o manifiestos planeados
a sabiendas para reducir o destruir la influencia o actividades de Cienciología
[...]. Como las personas o grupos que harían esto actuarían por egoísmo sólo
para detrimento de todos los demás, no se les pueden conceder los derechos que
normalmente se otorgan a los seres racionales.
Desde
este ángulo, yo no escribo este libro por el dolor que me causa el silencio de
mi hermano ante mis misivas, sino por egoísmo; y la sociedad no debiera
concederme mis derechos civiles. El pronunciamiento de Hubbard parece provenir
de un san Agustín u otro apologista de la violencia religiosa en la temprana
Edad Media. Pero esta observación no llega a la raíz del asunto, el por qué de
la intolerancia en tanto teólogo medieval, partidos políticos y sectas frente a
los disidentes. Al igual que Hubbard, Agustín tuvo una madre en extremo supresiva.
Y Agustín también sepultó el
coraje que sentía por ella al grado de desplazarlo hacia otros cristianos que etiquetó
de "herejes". Ron Hubbard Jr. escribió que su padre nunca sintió remordimientos
por sus actos. Agustín tampoco se arrepintió de haber fomentado la persecución
fanática de otros cristianos. A través de su "ética" Hubbard se identificó con
sus agresores, sus padres; transfiriendo el coraje que sentía por ellos hacia quienes, una
vez que Hubbard obtuvo poder, diferían de él. Cuando una iglesia, secta o
partido político asume el rol de un padre tirano, aunque provee la ilusión de
ser un padre protector en el fondo está demandando la misma sumisión que sufrió
de niño. La lealtad a una iglesia,
secta o partido político es una transferencia parental del niño-adulto hacia
otra figura de autoridad dado que jamás procesó el dolor sobre la manera
autoritaria y humillante como fue tratado.
Jon
Atack concluye su libro diciendo: "En muchos sentidos Hubbard fue un niño
crecido". El edificio axiológico de Hubbard puede entenderse como mecanismo de
defensa para un ego ancestralmente herido. Al igual que Spinoza, quien también
elaboró una intrincada ética, Hubbard desconocía el valor terapéutico del enojo
hacia el agresor. En La ciencia de la supervivencia,
un libro tan errado en cuestiones psicológicas como la Ética spinozista, Hubbard pone muy debajo al enojo en su escala de
tonos. Recordemos que según Hubbard la definición original de persona supresiva
es la persona traumatizada que trata a otros como si fueran los eventos
traumáticos de su pasado. Al reprimir su tragedia, él mismo, Hubbard, trató a
sus hijos y prosélitos con gran enojo, como eventos traumáticos de su pasado. Alice
Miller ha dicho que el enojo hacia objetos sustitutorios es infinito, como el
odio de Hitler por los judíos. Ese odio es patológico. En cambio, el enojo sano
hacia el agresor es sano y finito: se limita a denunciar lo que el agresor nos
hizo. Ahora bien: Hubbard siguió los cánones morales de su época. Es un hecho
que, en sus escritos —literalmente: millones de palabras—, jamás denunció a sus padres. Debido a ello, se sintió en
la necesidad de desplazar su ira hacia objetos sustitutorios.
Contra
lo que los gurús y toda suerte de líderes religiosos, incluido Hubbard, han
dicho a lo largo de milenios, Alice Miller, y a un nivel más popular Susan Forward, han demostrado que reprimir el odio y
el enojo hacia nuestros agresores es el peor veneno de la mente. El enojo y el
resentimiento no son otra cosa que decir en voz fuerte: ¡Se han pisoteado mis derechos! Son una reacción humana sana, natural
y comprensible. Sólo cuando vivimos en toda su intensidad la gama de nuestras emociones
iniciamos el duelo de haber perdido a nuestros seres queridos en vida. Este
duelo, catalizado por el enojo y la repulsa de perdonar al padre irredento, es
la verdadera cirugía del alma. Pero es este duelo lo que todo aquél que entra a
religiones, sectas y éticas filosóficas más teme. Spinoza, Hubbard y otros
creadores de venenosas éticas, o pedagogías negras como les llama Miller,
se asustaron ante sus más que genuinas emociones y jamás resolvieron su
problema existencial (a Spinoza lo repudió su familia, parientes y
correligionarios judíos por sus ideas religiosas). A mi hermano Germán le regalé un libro light, un bestseller de autoayuda que enseña a expulsar el enojo de
manera sana, Padres que odian de
Susan Forward. En lugar de leerlo, o de discutir su contenido conmigo, tomó el curso del libro en que Hubbard presenta su escala de tonos: que no es
otra cosa que los valores más tradicionales y reaccionarios presentados en
formato tecnicalizado.
Llama
enormemente la atención el hecho que, al igual que Spinoza y Nietzsche, Hubbard
reprobara a la compasión. Para entender a Hubbard es necesario insistir en una de
las mayores taras de la cognición humana. Los valores tradicionales, reflejados
en las éticas de los más diversos credos, nos hablan del "infierno del
resentimiento" y de la "magia del perdón". Como ha demostrado Miller y
Forward en varios de sus libros, esta visión del mundo es diametralmente opuesta
a la realidad psicológica; y los valores de las culturas del mundo han ser
transvalorados si es que hemos de superar nuestro extravío actual. Nietzsche y
Hubbard condenaron vehementemente a la compasión. Nietzsche culmina su obra
magna con una prueba, la superación de la compasión de Zaratustra hacia sus
fieles cuando fueron atacados por un león: la "ultima tentación" del iluminado.
En La ciencia de la supervivencia Hubbard
dice cómo debe comportarse el auditor ante la gente que ha caído en desgracia. Hubbard
habla de "un impulso hacia el desprecio y la ridiculización" y menciona "el
sentimentalismo sensiblero" de la sociedad ante los miserables. Exactamente
como se hace en las escuelas para sicoanalistas, el auditor de dianética
tampoco debe involucrar sus sentimientos con la gente en crisis. En su libro Hubbard
dice, literalmente, "no sientas compasión por él". Lo que es más, al igual que
sus enemigos siquiatras, para Hubbard la depresión es un pecado: una noción que
viene directo del medievo y de sus demonios del mediodía. Estoy convencido que
detrás de su lenguaje tecnicalizado y escala de tonos Hubbard esconde un
abismal terror hacia sus añejas emociones: el odio que sentía por sus padres,
su madre en especial, que tan bien conocían sus confidentes.
En
agosto de 1982 el juez Paul Breckenridge escribió las siguientes palabras sobre
un juicio en que la iglesia demandó al ex cienciólogo Gerald Armstrong por
hablar de los hechos reales de la vida de Hubbard:
La organización [la
Iglesia de Cienciología] es claramente esquizofrénica y paranoide, y esta
extraña combinación parece ser un reflejo de su fundador LRH.
El
concepto de persona supresiva no es el único caso de este reflejo. Como vio su
primogénito, toda la llamada tech de Hubbard parece haber sido un intento
fallido de salvarse de abismales afectos. Hubbard afirmaba que las úlceras eran
causadas por intentos de aborto. Pero omite confesarnos, y esta omisión es la
clave para entenderlo, que creía que su madre intentó abortarlo, y que él mismo
padeció de úlcera duodenal desde 1943 de la que jamás se curó a pesar de que
repetía líneas de pensamiento mágicas. Estas líneas, idénticas a las de
Escatología por cierto, eran sus famosos postulados. Hubbard postulaba cosas
como: "Tus úlceras están muy bien y jamás te molestan; puedes comer cualquier
cosa".
He dicho que debido a su tabaquismo Hubbard sufrió de problemas respiratorios. No puede ser coincidencia que una de las promesas del curso OT 3 fuera curar ese tipo de problemas. Asimismo, OT 4 presumiblemente curaba los efectos tardíos del abuso de estupefacientes en las vidas pasadas. Esto de vidas pasadas es pura patraña: según Ron Hubbard Jr. su padre ya era un adicto desde su adolescencia, práctica que continuó incluso después de elaborar su técnica sanadora. Hubbard Jr. escribió: "Recuerdo el año 1952 en Filadelfia en que tenía una jeringa en el brazo con cocaína". Y en la página siguiente añade que su padre también usó "anfetaminas, barbitúricos y alucinógenos" entre los que citó al peyote. En una carta de Hubbard mismo a Polly Grubb, su primera esposa, puede leerse: "Te amo a pesar de que solía ser un adicto al opio". Incluso en una conferencia pública de junio de 1950 Hubbard reconoció que había sido adicto al fenobarbital. Por si fuera poco, existen cartas íntimas de 1966 a Mary Sue, su tercera esposa, donde detalla las drogas que tomaba. Y David Mayo, uno de sus más cercanos colaboradores, declaró en una entrevista de octubre de 1986 que Hubbard había admitido en privado haber tomado LSD. No extraña que incluso el cadáver de Hubbard tuviera Vistaril, un ansiolítico que había ingerido por años; y que buena parte del activismo de la iglesia actual se enfoque a la "guerra contra las drogas".
La forma patética en que terminó la vida de
Hubbard (en su testamento le dejó casi todo
a la iglesia, nada a su primogénito y a su hija Alexis: prueba que no los
quería),
Este
tipo de observaciones psicobiográficas no aparecen siquiera en los textos de
los detractores más lúcidos. Ni Martin Gardner ni Russell Miller ni Jon Atack
declaran locos a los locos: quienes le dieron el dinero, el poder y la fama a
Hubbard. En su reseña de 1988 del libro de Russell en la prestigiosa revista Nature Gardner se pregunta por qué
Hubbard no fue internado en un hospital siquiátrico. Con tal pregunta Gardner
incurre en un enorme error cognoscitivo. Llamarle psicótico únicamente a
Hubbard me recuerda el escepticismo de los académicos sobre culpabilizar a un importante
sector del pueblo alemán cuando se publicó el libro de Daniel Goldhagen Los verdugos voluntarios de Hitler. A
diferencia de lo que popularmente se cree, el carisma no proviene del líder de
un partido o secta, sino de sus seguidores.
Tanto
Hitler como Hubbard sufrieron pavorosamente por sus abusivos padres. Ambos
trataron de compensar su herida autoestima con delirios de grandeza. El
concepto de "tetán operativo" refleja al superhombre que Hubbard aspiró ser: un
superhombre análogo en ciertos aspectos, aunque distinto en otros, al Übermensch de Hitler. Los cursos de OT,
creen los cienciólogos, desarrollan habilidades parasicológicas: desde la
telepatía hasta la psicokinesis y la levitación. El tetán operativo es capaz de
afectar al mundo físico a través de experiencias extra corpóreas: puede viajar
en cuerpo astral a respirar el aire puro de las montañas o escuchar el murmullo
de las olas en la playa. Si bien hay cienciólogos que han admitido que esas
experiencias fueron completamente subjetivas, los estudiantes que no pueden
costear los avanzados cursos toman los alegatos por ciertos. Con las excepciones de Alice
Miller, Lloyd deMause y Henry Ebel, aquellos que han escrito sobre Hitler no han intentado
descifrar por qué los alemanes sintieron la necesidad de sentirse superhombres.
Asimismo, los biógrafos detractores de Hubbard no han intentado descifrar por
qué los cienciólogos de cursos avanzados y muchos new agers sienten la necesidad de desarrollar poderes psíquicos.
La
respuesta está en la infancia.