La dianética clara
Para
el cienciólogo común Hubbard fue un filósofo y un científico filántropo; un
hombre de gran honestidad e integridad. El cienciólogo está convencido que a
través de la ciencia que Hubbard nos legó sus seguidores construirán un mundo
mejor.
Como
en toda religión, secta o partido político, en las filas de Cienciología entra gente
en busca de respuestas a sus problemas existenciales. Aunque jamás tomé alguno de sus cursos, puedo decir que la personalidad de
Hubbard contrasta dramáticamente con los estudiantes de Dianética y Cienciología
que conocí. Muchos resultaron ser gente decente. Sin embargo, al igual que en el resto
de las religiones, el cienciólogo común peca de extrema credulidad ante sus
líderes. Es común que la persona decente suponga que las autoridades en quienes
deposita su fe también lo son. Bill Franks, quien fuera Director Internacional
Ejecutivo de la iglesia, confesó que abandonarla había sido una amarga
experiencia para él, y comentó: "Cienciología apuesta a la decencia: ése es su
anzuelo". Los cursos de aparente superación personal que se imparten a los
principiantes de dianética, palabra
que viene del griego, "pensamiento", parecen inocuos. Las doctrinas más locas aparecen
cuando el estudiante ha llegado a creer que estudia la misma ciencia de la vida.
Bent Corydon escribió algo idéntico a lo que dijo Franks: "Mary [su esposa] y
yo rápidamente ganamos reputación como auditores muy eficaces". "La auditación
era en muchos sentidos la esencia de la comunicación. Para mí, así como para
muchos en aquellos tiempos, eso era Cienciología". Luego añadió:
Muchos
responderán que la Cienciología contiene algunas verdades maravillosas y
algunas ingeniosas técnicas de asesoramiento. Pero yo ya no veía así las cosas.
Todo eso había sido, para mucha gente, el queso en la ratonera.
Esto
me recuerda a Germán, quien solía decirnos a los hermanos que estudiaba cursos
de capacitación empresarial cuando le preguntábamos qué rayos hacía en
semejante iglesia. En el libro que escribió junto con Corydon, Ron Hubbard Jr.
afirma que el departamento de relaciones públicas de la iglesia muestra la "Cienciología
blanca". La "Cienciología negra", alega Hubbard Jr., es mantenida en secreto y
se usa para doblegar al cienciólogo rebelde o para difamar al crítico externo:
algo que los primerizos ignoran. Pero hablemos en este capítulo de la parte clara
o "blanca" de la iglesia.
En mayo de 1950 el libro titulado Dianetics apareció en las librerías a lo
largo y ancho de Estados Unidos. Previamente Hubbard había sido incapaz de
incitar el interés de editores médicos, por lo que le había pedido a John
Campbell, su editor de ciencia-ficción, que anunciara su filosofía dianética en
las páginas de Astounding Science Fiction.
Campbell, quien posteriormente se alejaría de la dianética, cometió la
estupidez de presentar el texto de Hubbard no como ficción sino como ciencia
real; así la revista capturó la imaginación de muchos de sus lectores. Cinco meses
después Dianetics era el cuarto
bestseller del país. Hubbard había iniciado así su libro:
"La
creación de la Dianética es un parteaguas para el Hombre comparable al
descubrimiento del fuego y superior a la invención de la rueda y el arco".
La modesta frase fue censurada en ediciones posteriores, por lo que no aparece en la versión castellana del libro que poseo. Hubbard presentó su dianética como una ciencia exacta cuyas leyes, desconocidas por la humanidad, él había descubierto.
Libro de Hubbard de 1972
[si no se ve esta imagen dar clic aquí]
Un
paréntesis. En mis veintes estuve enajenado en una secta de un tal Will Walter llamada Escatología, una facción salida de la iglesia denominada Ciencia
Cristiana. Creada por Mary Baker Eddy, aunque hoy día sin la popularidad de
antaño, la iglesia de la Ciencia Cristiana fue, como la de Hubbard, un enorme
imperio religioso nacido en los Estados Unidos. Hablaré más a fondo de mis
desventuras en la secta de Walter en el quinto tomo de mi serie autobiográfica. Aquí
me limito a decir que los casos de curación milagrosa citados en Dianética son virtualmente idénticos a
la forma anecdótica usada por Mary Baker Eddy. El libro Ciencia y salud con llave a las escrituras sagradas de Eddy fue
publicado en 1875, tres cuartos de siglo antes que Dianética: la ciencia moderna de salud mental. Es fascinante notar
cómo, al desconocer la historia de las religiones nacidas en suelo
norteamericano, los cienciólogos no ven las similitudes.
Como
muchos creadores de sistemas religiosos o esotéricos, las técnicas de salud
mental fueron presentadas por Hubbard con prosa opaca llena de repeticiones y
una verdadera jungla de neologismos: razón por la cual se les pide a los
estudiantes hacer uso constante de diccionarios y glosarios especiales. En
pocas palabras, la dianética es una suerte de terapia de regresión, una
imitación del sicoanálisis en que los "engramas" son registrados, como imagen
mental, en el subconsciente: un registro perceptivo de una experiencia dolorosa
no disponible al consciente, al que Hubbard renombra "mente analítica". Los
engramas son memorias negativas inconscientes: cicatrices psíquicas por decirlo
en dos palabras. El consciente, la parte positiva y racional —"mente analítica"
en el innecesario vocabulario de Hubbard— se encuentra desconectado al grabarse
un engrama. Incluso el embrión acarrea traumas que hay que "auditar" en la vida
adulta con técnica hubbardiana debido a que experiencias ulteriores pueden
hacer reaccionar a la "mente reactiva": otro neologismo innecesario que
significa aproximadamente inconsciente. En una entrevista videograbada que le
hicieron en su barco y que puede verse en YouTube,
Hubbard incluso usó la palabra "inconsciente" inmediatamente después de "mente
reactiva", dando a entender que eran sinónimos. La mente reactiva funciona por estímulos
y respuestas, la raíz de las aberraciones humanas según Hubbard. Al crear una
religión nueva el gurú debe dar la impresión de absoluta originalidad. Así que los
engramas del subconsciente, la "mente reactiva", causan padecimientos
psicosomáticos entre los que Hubbard incluye desde el simple catarro hasta las
psicosis graves. Por poner un ejemplo de Hubbard mismo sobre los engramas
prenatales: una mujer embarazada trata penosamente de defecar, pero la materia
fecal comprime al feto al grado de noquearlo y dejarlo inconsciente. Mientras
la madre defeca dice en voz alta: "Esto está de la patada, estoy congestionada
por dentro, me siento tan obstruida que no puedo pensar". Según Hubbard, una
vez desarrollado el feto en ser humano adulto tendrá resfriados y congestiones
nasales ("Me siento tan obstruido..."). Dado que los resfriados y
constipaciones son causados por infecciones virales, la explicación de Hubbard
es, naturalmente, una chifladura. Como viñeta personal, quisiera mencionar que una
vez que me dio un catarro una ciencióloga me dijo que mi condición tenía una
interpretación metafísica que ellos conocían (en Escatología, la secta en la
que estuve, ¡el catarro tenía otra interpretación
metafísica!). En su libro Hubbard pone un montón de ejemplos similares al de la
mamá defecando, casos que según él causan los más diversos achaques físicos y
mentales. Pero no vale la pena poner más ejemplos aquí.
Posteriormente
Hubbard hablaría de engramas previos incluso a la fertilización del óvulo: traumas
de vidas pasadas que causan aberraciones en el presente. Hay que borrar, que
formatear la mente por así decirlo, para quedar "claro", "aclarado" o "liberado" de
engramas o parásitos de la mente. Esto se hace con la ayuda de un "auditor".
La auditación
es la metodología central en Cienciología. En esta sesión terapéutica entre dos
personas enfocada en memorias dolorosas, se le pide al paciente que se siente
en una silla confortable (antes, como en la vieja escuela sicoanalítica, se podía
recostar en un sofá). En una sesión de un par de horas el paciente cierra los
ojos y trata de recordar todo lo que le pide el auditor, pero a diferencia de
la hipnosis el sujeto mantiene la conciencia. Las preguntas del auditor son muy
sugerentes a despertar fantasías: algo que señaló Joseph Winter, uno de los
primeros disidentes de la terapia de Hubbard. El paciente responde dócilmente a
las preguntas del auditor hasta que éste queda satisfecho que los engramas
subconscientes han pasado al consciente (o al "banco de memoria estándar" por
usar otro pedante neologismo de Hubbard). Auditor y paciente consideran ahora
que el engrama ha sido borrado.
No hay
evidencia que la imaginería que despierta la auditación represente sucesos
reales. Pero para el cienciólogo libre de engramas, nos dice Hubbard, su
inteligencia sube en coeficiente intelectual y puede sanar las enfermedades
psicosomáticas. Además, la memoria del sujeto "aclarado" es perfecta. De hecho, el
bestseller de Hubbard prometía resolver todo problema de la mente humana y
curar enfermedades como el cáncer. Posteriormente la auditación se refinó con
la introducción de una caja de metal, un marcador con cables ajustado a dos
latas llamado "electropsicómetro de Hubbard". Este e-metro, similar al detector
de mentiras de las películas y que supuestamente detecta el estrés durante la
auditación, es un dispositivo que mide respuestas galvánicas en la piel. Es
importante mencionar que en algunos casos de auditación se hacen preguntas al
estudiante sobre si alguien en su familia es antagonista a Cienciología, y que, si
bien el galvanómetro es tecnología basada en ciencia real, el intento de leer
el alma con el dispositivo es una idea religiosa.
Lo
seguidores de Hubbard ignoran que la dianética no fue original ni siquiera en
la invención de neologismos. Para el vocabulario técnico a Hubbard le ayudaron
sus amigos: escritores profesionales como Joseph Winter, John Campbell y Don
Rogers. Winter se separó de Hubbard y en 1951 escribió el primer libro dianético
salido de la pluma de un squirrel. Literalmente
"ardilla", aunque hay quienes proponen la traducción "esquirol", esta es una palabra ofensiva en boca de un cienciólogo: denota al maldito
hereje que corrompió la pureza de la tech de Hubbard. En A doctor’s report on Dianetics Winter
cuestionó la idea que a través de la auditación fuera posible recordar vidas
pasadas, y consideraba la imaginería totalmente fantasiosa. Winter también fue
el primero en escribir sobre algo demasiado obvio: que no existía ningún
individuo "aclarado" o "liberado" según los parámetros que aparecen en Dianética. A Hubbard no le perturbó esto
último porque su motivación era el negocio. Es curioso notar que la creencia en
la reencarnación, central en Cienciología, no nació de Hubbard sino de sus
seguidores. Al igual que Winter, otros cercanos a Hubbard, como Don Purcell, se
mostraron escépticos de la reencarnación que los clientes imaginaban en la
auditación. Originalmente Hubbard se mostró algo escéptico, pero con el tiempo
se dejó llevar por los alegatos de su clientela. A diferencia de lo que creen
los cienciólogos, que ven a Hubbard como un Moisés que bajó de un Sinaí con las
tablas de la verdad, una religión se crea a través de la retroalimentación
positiva entre seguidores y gurú. Hubbard se percató de que, combinando su dianética
con la popular creencia en la reencarnación, podía crear una nueva religión, y,
a diferencia de Winter, democratizó la auditación con fines de ventas
al mayor número. Winter no creía que cualquiera pudiera ser un auditor de igual
manera como, según se dice, no todos pueden ser sicoterapeutas. A diferencia de
éstos Hubbard popularizó su terapia vendiéndola directamente a la masa.
En mi
carta a Germán le dije que dianética era una mezcla entre varios sistemas. En
los años cuarenta había escuelas sicoanalíticas que se basaban en la "teoría de
abreacción" de Freud. El "engrama" hubbardiano no es otra cosa que aquello que
en círculos analíticos se conoce como abreacción, esto es, la liberación de una
emoción o complejo reprimido. Exactamente lo mismo puede decirse de "valencia",
palabra que introdujo Hubbard sobre un concepto harto conocido en psicología:
introyecto. La novedosa terapia hubbardiana estriba básicamente en un cambio de
nombres: "engrama" por "abreacción", "valencia" por "introyecto" y muchos a
otras palabras. La parte posterior de la primera edición de Dianetics tenía incluso un anuncio del libro
que Nandor Fodor había publicado en 1949 titulado The search for the beloved, texto del que Hubbard sustrajo muchas
de sus ideas. El libro de Fodor tiene por subtítulo una frase que todo
cienciólogo entendería, mismo que traduzco al castellano: Una investigación clínica del trauma del nacimiento y el
acondicionamiento prenatal. Una vez más: los cienciólogos que conozco ignoran
este dato, y le atribuyen a Hubbard el descubrimiento del trauma prenatal y
supuestos engramas consecuentes.
Lo
mismo puede decirse de la deuda no reconocida de Hubbard con Aleister Crowley,
también mencionado en mi carta a Germán, de cuya fuente semántica Hubbard bebió
para elaborar su sistema. Un cienciólogo común se sentirá muy contrariado si se
enterara que el concepto de OT ("Tetán
Operativo") puede encontrarse en los trabajos de magia ritual que Crowley
publicó años antes que Hubbard. Entre los adeptos de las ciencias ocultas es
aceptado el hecho de que Hubbard derivó gran parte de su técnica dianética de
ideas ocultistas, como las de Golden Dawn.
Y algo similar podría decirse de la deuda con William Sargant de algunas ideas hubbardianas.
Reitero: como en todas las sectas, la ignorancia de los fieles sobre los datos
más elementales de la historia de su organización es enciclopédica. Incluso la
noción de "postulado", otro de los conceptos centrales en Cienciología, puede
encontrarse en los tratados de magia negra de Crowley. Vale decir que en la
secta en la que estuve Walter ya se había referido sobre su libro La hoz, publicado en 1918, como "el puente de la creencia humana
al entendimiento". Algo más de tres décadas después, en 1950, Hubbard termina
su libro Dianetics hablando del
"puente" entre la creencia humana al entendimiento: una metáfora central en su
religión, como pronto veremos.
La
escasa originalidad dice poco sobre de la validez o falsedad de un sistema. Pero
la dianética hubbardiana fue refutada por auténticos científicos. Cuando se
publicó el libro Dianetics, la
Fundación Los Ángeles sometió sus doctrinas a prueba de laboratorio. Hubbard
había afirmado que tenía pruebas fehacientes de que todo lo que se le dice a una
persona inconsciente se graba íntegramente, y que al recuperar la conciencia lo
que se dijo se vuelve una sugestión imperativa. A través de un narcoléptico los
científicos de la Fundación Los Ángeles durmieron a un voluntario y ya bien
dormido le leyeron un pasaje de un libro de texto. Durante seis meses de
auditación hubbardiana el sujeto no pudo recordar nada del pasaje. La fundación
refutó así la existencia de los engramas. Asimismo, en décadas posteriores
ningún "aclarado" demostró poseer memoria perfecta de todo lo vivido,
como promete la edición original de Dianetics.
Además, no existe validación positiva fuera de la iglesia sobre la "Técnica de estudio
Hubbard". Los pedagogos que nada tienen que ver con la iglesia han notado que
los niños que toman cursos de Cienciología no muestran aptitudes excepcionales,
ni mucho menos. De igual modo, en una edición antigua de Dianetics Hubbard asevera: "Los Aclarados, por ejemplo, tienen una
memoria completa de todo lo que les ha sucedido o cualquier cosa que hayan
estudiado. En diez o quince segundos puede hacer computaciones mentales, como
las de ajedrez por ejemplo, que a una persona normal le llevaría media hora". La
realidad es que hasta la fecha en que escribo esta frase no ha habido un Gran Maestro de
ajedrez que sea cienciólogo.
Una
palabra más sobre la auditación. A los estudiantes de Cienciología se les dice
la mentira que los archivos de auditación son confidenciales. Yo mismo
presencié en 2005 que Mary Campos, la ciencióloga mencionada páginas atrás,
mandó cajas de material de auditación a los cuarteles generales de Cienciología
en Estados Unidos después del deceso de uno de sus clientes. La auditación no
puede contrastar más con la confesión católica, en la que media un voto de
silencio. Ya podemos imaginar cómo crecería el poder del Vaticano si poseyera
archivos sobre lo que se escucha en los confesionarios.
El
libro Dianética, la piedra angular en
Cienciología, contiene preocupaciones obsesivas sobre las mujeres que intentan
abortar. La postura del autor sobre este asunto es aún más extrema que la de la
iglesia católica. Hubbard escribió: "Cualquiera que intente un aborto está
cometiendo un acto en contra de toda la sociedad y del futuro; cualquier juez o
médico que recomiende un aborto debería ser privado del puesto y del ejercicio
inmediatamente, sea cual sea su razón". Una ciencióloga que siguiera esto al pie de la letra no podría, después de pruebas ultrasónicas, interrumpir un embarazo que se ha comprobado que dará a luz a un mongólico. En los interrogatorios con el e-metro,
supuesto detector de mentiras, se les pregunta a las mujeres: "¿Has estado
involucrada en un aborto?" Las siglas
inundan Cienciología. Una de estas es AA, attempted abortion. Hubbard llegó al
extremo de acusar a los intentos de aborto como causales de los actos criminales
que llevan a miles a la cárcel y a los manicomios, y alegó: "Todas estas cosas
son hechos científicos, probados, vueltos a probar y probados otra vez". (Vale
decir que, durante la polémica que desató la iniciativa para legalizar la
eutanasia y el aborto en México en 2006 y 2007, quien fungió como una suerte de
jefa mía en CCHR frecuentemente se oponía a la iniciativa.) Hubbard termina el
más famoso de sus libros con las palabras:
En este manual
tenemos los axiomas básicos y una terapia que funciona. ¡Por el amor de Dios
poned manos a la obra y construir un puente mejor!
Hay
que construir un puente que ayude a cruzar al individuo de la oscura tierra de
la creencia humana al entendimiento claro de la vida otorgado por el nuevo
Moisés. Pero como dije, ni siquiera esa metáfora es original de Hubbard.
Los
cienciólogos y yo tenemos algo en común: denunciamos a la siquiatría. Pero
ningún cienciólogo que conozco sabe que la palabra "engrama", concepto
absolutamente central en su religión, la acuño Eugen Bleuler: el padre de la
siquiatría moderna. Y si esa palabra provino de siquiatra tan influyente, la
idea de la abreacción provino del sicoanalista más influyente: Freud. Esto es
muy irónico si se toma nota que la literatura de CCHR no tolera a Freud. En su
libro Hubbard puso varios ejemplos de engramas prenatales que el feto escucha y
entiende como si fueran órdenes hipnóticas que, ya adulto, obedece. De hecho, la
película The Manchurian candidate,
que elabora estos temas fantasiosamente, es tomada con absoluta seriedad por muchos
cienciólogos.
Una
vez vendido su primer libro, Hubbard ideó esquemas jerárquicos de cursos más
avanzados. Mientras más avanzado el curso, más les cobraba a sus fieles. Fue
así como, al igual que sus predecesores de imperios religiosos estadounidenses John Smith, Eleen White
y Mary Baker Eddy, la religión de Hubbard comenzó a florecer. La dianética hizo
furor en la sociedad norteamericana. Miles abrazaron la nueva terapia. Todos
querían auditar a todos, revivir su doloroso pasado embrionario e incluso las
vidas anteriores. Como se ve en la historia de la Ciencia Cristiana y en la
biografía de Mary Baker Eddy, la inmediata antecesora de Hubbard, si se ha de
aspirar a la masa la religión debe ser comprensible para las amas de casa. El
bestseller de Hubbard se vendió cuando el bestseller del chiflado Immanuel
Velikovski, Mundos en colisión, era
leído en Estados Unidos como astronomía real, y cuando el mito de los ovnis
cundió en esa nación como reguero de pólvora.
A sólo
dos meses de la publicación de Dianetics más
de cincuenta mil copias se habían vendido y los grupos de la ciencia recién
descubierta crecían en Estados Unidos. En unos cuantos meses Hubbard dejó de
ser un pobre escritor para convertirse en el regidor del movimiento de mayor
crecimiento su país. Sus habilidades como escritor de ciencia-ficción fueron la
plataforma para presentar su ficción como ciencia real. Un cuarto de siglo más
tarde Uri Geller abandonaría su carrera de ilusionista de salón al percatarse
que el negocio estaba en presentar su truco de doblar cucharas como si fuera un
poder mental real. Los mismos colegas de Hubbard, a través de la revista Astounding Science Fiction, fueron los
primeros que lo catapultaron la fama. El éxito se debió a que Hubbard vendió la
atractiva idea de poderes psíquicos: algo así como si Uri Geller hubiera creado
un movimiento religioso vendiendo la idea que todos podemos desarrollar la
psicokinesis. No obstante, algunos de los amigos del círculo de escritores de
Hubbard también fueron los primeros en decir que el asunto era charlatanería. Isaac
Asimov comentó: "La dianética es farfulla", y Jack Williamson la describió como
"una revisión lunática de la psicología freudiana".
Asimov
y Williamson no fueron los únicos escépticos. Cuando en agosto de 1950 Hubbard
habló ante un enorme auditorio en Los Ángeles sobre su técnica sanadora, se oyó
la pregunta desde el público: "¿Se llenan tus cavidades dentales?" Luego Hubbard presentó a Sonya Bianca, la
primera "clara" o "liberada" con su dianética. Como dije, en la primera edición
de Dianetics una de las afirmaciones
más espectaculares era que el aclarado recupera todas sus memorias. Le preguntaron
a Sonya cosas como: "¿Qué desayunaste el 3 de octubre de 1942?" Sonya no contestó. "¿Qué dice la página 122
de Dianetics?" Tampoco contestó y se oyeron risitas desde el
público. Le hicieron entonces preguntas sobre la física que Sonya estudiaba en
la escuela pero no pudo recordar una fórmula. Ni siquiera pudo recordar el
color de la corbata de Hubbard cuando le daba la espalda.
Gran
parte de la audiencia se salió del auditorio.