"¡Ouch!" dijo el tomate
Los cienciólogos con quienes trabajé se autodenominan cazasiquiatras. En una ocasión unos cazasiquiatras y yo fuimos
invitados a una comida en un lujoso restaurante del Camino Real, donde el
Secretario de Salud de México pronunció un discurso. En la mesa en que me senté
todos, salvo yo, eran cienciólogos. Durante la comida les dije que, dado que en
los rastros mexicanos se mataba a las vacas de manera horrenda, no comía carne
todos los días y que prefería verduras. Una ciencióloga me informó que los
vegetales también sufrían. Le dije que eso no era posible debido a que las
verduras no tenían sistema nervioso. La cazasiquiatras replicó que Hubbard
había demostrado con su e-metro que
los jitomates sufrían al rebanarlos.
Cómo puede sufrir el acéfalo tomate queda en el profundo misterio. Pero
incluso antes de estos experimentos Hubbard ya había afirmado que el óvulo
humano recién acabado de fecundar registra eventos traumáticos.
Hubbard "demostrando" que los
jitomates sienten dolor
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Menciono
estas anécdotas para confesar que, a lo largo de mi trabajo en CCHR, tuve que
hacer un gran esfuerzo de contención. No me fue posible proseguir en términos
racionales una discusión como la de los tomates sufrientes porque eso habría
significado contradecir al mismo Hubbard, y no quería perder la iguala que
recibía de ellos.
En la
actualidad existe una empresa de la iglesia llamada Narconon, basada en la
"tech" de Hubbard para la rehabilitación de adictos. En las revistas para los
fieles pueden verse fotografías de las enormes residencias de Narconon en
Estados Unidos, España, Suiza, Alemania y Suecia. Narconon cobra grandes sumas
de dinero vendiendo la idea que las adicciones se curan con megadosis de
vitaminas y baños sauna. Aún haciendo caso omiso de este curanderismo, el caso
de José Andrés Arriola, un conocido mío, me enfureció: Narconon quería cobrarle
a un hombre al borde de la indigencia más de $10,000 dólares. En medicina real,
le dije a la entonces presidenta de CCHR México, los médicos que retiran las
drogas siquiátricas, como las que tomaba Arriola, lo hacen por una fracción de
esa cantidad de dinero.
Antes
de que trabajara formalmente con ellos también discutí con un joven cienciólogo
sobre Narconon. Me impresionó que el estudiante no supiera nada de los miles de
dólares que cobran ahí. Ni sabía que, el mismísimo 11 de septiembre de 2001, algunos
maestros de Cienciología afirmaron en sus clases que quienes murieron en las
Torres Gemelas "estaban PTS", es decir, que las víctimas generaron psíquicamente
su muerte. (Los cienciólogos hispanohablantes siempre usan la sigla de Potential Trouble Source, concepto que
traducido al vernáculo podría definirse como una persona problemática a causa de
otra constantemente abusiva.)
Aunque
nunca he pertenecido a la iglesia, a principios de 2006 me invitaron a una
conferencia exclusiva para cienciólogos impartida por un oficial estadounidense
de la Organización del Mar. El conferencista habló en inglés y contó con
traducción simultánea. Jamás se me olvidarán las expresiones del público
(¡Guau! ¡Tsss! ¡Qué barbaridad! ¡No! ¡Hijo!) ante las más descabelladas teorías
del conferencista sobre la conspiración del 11 de septiembre. En una
conferencia secular y abierta siempre se oyen voces disonantes del público. En
cambio, los cienciólogos presentes estaban en estado de regresión transferencial
ante una figura parental. La llamada Organización del Mar es la más poderosa
"org" de la iglesia, y sus representantes, en sus folclóricos uniformes seudo-navales
con cadenas y ornamentos son vistos como figuras de autoridad. (Seudonavales,
digo, porque en realidad trabajan en tierra y no han sido instruidos
profesionalmente en el saber marítimo.) Al igual que Miscavige, el
conferencista declaró que su iglesia debe alcanzar los 6.5 mil millones de
humanos en el planeta, es decir, convertir a la humanidad entera a la fe de
Hubbard. También contó la historia que en 1930 unos espías de Stalin le
ofrecieron un puesto de control mental a Hubbard, el cual, por supuesto,
rechazó. Los rusos se vengaron robándole a Hubbard su supersecreto texto Excalibur: uno de los típicos cuentos
chinos que contaba Hubbard. Pero lo que llamó mi atención en esa conferencia de
adultos en estado de abyecta regresión fue la expresión "¡Malditos!" que
escuché detrás de mí ante el "robo" comunista.
Como
dijo la esposa de Hubbard en el epígrafe que puse al inicio de la carta a mi
hermano, quienes han caído en sectas no quieren pensar: entregan el mando de
sus vidas para que otros piensen por ellos.
Llegamos a la pregunta
fundamental: ¿Puede una seudociencia vencer a otra? En 2005 Cienciología y CCHR
salieron a la vista pública debido a una discusión televisada entre Tom Cruise
y Brooke Shields. Cruise es cienciólogo y Shields cree en la siquiatría. En la
prensa norteamericana mucha polémica causó el consejo de Cruise a Shields de
tratar su depresión con vitaminas: la receta de Hubbard.
Innumerables
veces he presenciado que los miembros de CCHR culpan a las drogas siquiátricas
de la perturbación mental. La hipótesis es en extremo absurda si tomamos en
cuenta que esas drogas fueron creadas en los años cincuenta del siglo XX, y los
trastornos mentales han acompañado a la humanidad desde siempre. Pero volvamos
al consejo de Cruise a Shields. Muchos cienciólogos siguen a pie juntillas el
consejo de Hubbard de tratar infinidad de achaques con vitaminas. He conocido varios
curanderos que siguen el consejo megavitamínico de Hubbard, incluyendo médicos
de profesión. En los volantes de dos cienciólogos mexicanos, el doctor Juan
Carlos Soto y su esposa Marcela, puede leerse: "Trastorno de Déficit de
Atención con o sin Hiperactividad (TDA) son trastornos en el que el aspecto
metabólico es determinante". La literatura de la iglesia ostenta que Thomas
Szasz, un intelectual de renombre internacional, fue cofundador de CCHR. Pero
los cienciólogos leen a Hubbard; muy rara vez leen al "wog" Szasz: quien jamás
tuvo poder alguno en la organización como tampoco yo lo tuve en México.
A los
no cienciólogos los fieles de Hubbard nos llaman raw meat, homo sap y especialmente wogs. El punto es que Szasz, el
abuelo del movimiento antisiquiátrico y supuesto cofundador de CCHR, nunca
endosaría el disparate biologicista que aparece en el volante de los Soto: que
en la hiperactividad infantil y el TDA "el aspecto metabólico es determinante".
En otro de los volantes puede leerse que la pareja de cienciólogos usaban "el
complejo B 50 en el tratamiento de la esquizofrenia, una enfermedad de origen
bioquímico". El pronunciamiento es similar a la postura de la siquiatría, que culpa
al cuerpo de las perturbaciones del espíritu, ignorando el modelo del trauma de
los trastornos mentales. En toda la literatura que he leído de CCHR
International no hay una sola línea que hable del modelo del trauma: algo muy
irónico si tomamos en cuenta que la iglesia aborrece al materialismo y parte de
una visión mentalista o espiritualista del ser humano. En vez de estudiar los
aspectos morbógenos en la dinámica familiar que causan las conductas del niño
hiperactivo, el modelo médico que siguen los cienciólogos se basa en alegatos
no probados sobre el efecto de la glucosa y las alergias en las perturbaciones emocionales
de la población joven. En otras palabras, análogamente a la siquiatría los
cienciólogos usan un modelo biologicista para eludir el universo emocional del
niño. La única diferencia es que, a diferencia de las vitaminas que recetan, las
drogas siquiátricas son dañinas. Pero el colmo fue un caso que me remitió Jenny
Alcalá, quien fuera la directora de CCHR Monterrey: clarísimo ejemplo de violencia
física del marido hacia su esposa e hijos, según testimonió una familiar. ¡Frente
a tal testimonio, Jenny declaró que los alimentos altos en azúcar podían ser
los responsables de la mala conducta de uno de los niños maltratados!
Muy
aparte del biologicismo que comparten siquiatras y cienciólogos, es divertido
notar que, en casos de obvia toxicidad como el tabaquismo, muchos cienciólogos
no parecen advertir peligro alguno para la salud. La siguiente es otra viñeta
personal. Parte de mi trabajo en CCHR era un constante activismo público de
denuncia de la siquiatría. En noviembre de 2005 asistí a una mesa redonda sobre
siquiatría en una dependencia del gobierno mexicano. Me encontré al doctor Soto
y a su esposa Marcela. Aunque fumar es ilegal en edificios públicos, una
participante de la mesa pidió permiso al burócrata que presidía la mesa y le
fue concedido. Otras mujeres sacaron cigarrillos de sus bolsas para fumar,
incluyendo Marcela. Cuando me quejé por el humo que me hicieron respirar, Marcela
me increpó alegando que fumar "no les causa cáncer a todos". Aunque el tema de
la mesa era la siquiatría, la ciencióloga me retó a una discusión sobre
tabaquismo mientras su marido médico callaba.
Fiel a
mi táctica de, por temor de perder mi iguala, no contestarles al momento sino investigar
las conductas de cienciólogos que me irritan, al día siguiente leí algo
interesante. Resulta que Hubbard fumaba de tres a cuatro cajetillas diarias de Kools, y que los cienciólogos avanzados
creen que el cáncer es causado por "tetanes corporales": espíritus que habitan
nuestros cuerpos. (Los cienciólogos hispanohablantes traducen Thetan como Thetán pero a la th pronuncian como t; por razones fonéticas
le quito la letra h.) Hubbard, el
escritor de ciencia-ficción, quizá sacó la idea de estos tetanes o alienígenas
parásitos de la novela de uno de sus colegas, The mind parasites de Colin Wilson. Otra posibilidad, como dije más
arriba, es que la haya sacado directamente de Alfred William Lawson. Sobre el
cáncer, en el Volumen I de The technical
bulletins of Dianetics and Scientology Hubbard escribió: "La leucemia es
evidentemente psicosomática de origen y al menos ocho casos de leucemia han
sido tratados exitosamente con dianética una vez que la medicina
tradicionalmente [sic] se ha rendido". Además de lo fantasioso de la afirmación,
una vez más es notoria la descuidada sintaxis con que Hubbard escribía.
En
1986, el año en que Hubbard murió, la Organizaciones de Naciones Unidas publicó
un reporte que incluía las quejas de varios grupos en materia de derechos
humanos, especialmente de CCHR. El inciso (e) del reporte, redactado por cienciólogos, dice: "El uso de toda
droga, sea de calle o farmacológica, debe discontinuarse". Los cienciólogos
dicen que no toman drogas. El caso más extremo que conocí fue el de Jorge
Castro, un empleado de CCHR que le pidió a su dentista que no le aplicara
anestesia ¡al realizarle una endodoncia! Prohibir todas las drogas es absurdo si
tomamos en cuenta que hay enfermedades que producen achaques tan dolorosos que
lo más humano es tratarlas con opiácios (no toda la gente llega al masoquismo de
un Castro). Ese mismo año de 1986 CCHR emitió un reporte para el Congreso
Internacional sobre la Ley y la Psiquiatría, en que la organización hizo otra insólita
declaración: "La mayoría de los asesinos famosos y genocidas son producto de la
siquiatría y de las profesiones de salud mental".
Este
tipo de declaraciones, tan patentemente absurdas y a la vez tan arraigadas en
la iglesia, a veces me hacen temer que la labor de CCHR es contraproducente
para la causa antisiquiátrica. No obstante, y a pesar de mis desesperantes
experiencias con cienciólogos, no me avergüenza haber trabajado con ellos. Más
bien: debiera avergonzarle al mundo secular el hecho que, durante una difícil etapa
en mi vida, no tuviera otra opción de trabajo.