Cienciología:
La secta a la que mi hermano cayó
Advertencia:
Por favor no citar ningún contexto sin el permiso del webmaster
A la memoria de L. Ron Hubbard Jr.
maltratado de chico y desheredado de grande
por un sujeto adorado por decenas de miles de idiotas
La gente no quiere pensar.
Quieren entregar el mando de sus vidas
para que otros tomen
las decisiones por ellos.
Hola
Germán:
El
domingo nos vimos después de un año que no te veía.
Quizá
no respondiste mis correos electrónicos a París porque te reproché, de golpe y
porrazo, mucho en una sola misiva. Así que en esta carta me dosificaré y no
hablaré de tanta cosa. Primero quisiera comentarte algunas experiencias
positivas que he tenido con la gente de la Dianética.
Los
cienciólogos de Monterrey me invitaron el mes pasado, avión, hotel y viáticos
pagados, para que diera una conferencia denunciando a la siquiatría. Aparecí
varias veces en un periódico local y una vez en televisión. Además, hace dos
meses di una conferencia en el edificio de Cienciología de avenida Cuauhtémoc
en la Ciudad de México: mi primera conferencia en la vida. Hablé contra la
siquiatría. La conferencia, que impartí yo solo, duró unas dos horas y me
dieron un estruendoso aplauso que aún ahora me sabe a una grata experiencia. Ayer
mismo fui con unos cienciólogos a la Cámara de Diputados. Están promoviendo una
iniciativa de ley para tratar de impedir que controlen a los niños con drogas
siquiátricas en la escuela.
Esto
fue lo positivo de mis experiencias en Dianética / Cienciología. Por otra
parte, en tu ausencia estuve leyendo el libro que tienes, La ciencia de la supervivencia de Ron
Hubbard. Hablando de aquello que él llama "la escala de tono 1.1" en la página
118, un estadio mental supuestamente muy bajo, Hubbard dice: "Este es el nivel
del pervertido, del homosexual, del chaquetero. Este es el nivel del subversivo".
Como
sabes, Hubbard tuvo siete hijos con tres distintas esposas: Polly Grubb, Sara
Northrup y Mary Sue. Lo único que quiero comentar sobre lo que te escribí a
París fue mi última línea de mi correo electrónico: ¿Sabías que mucha gente
dice que Quentin Hubbard se suicidó porque su padre lo repudió por gay? ("Este
es el nivel del homosexual..." decía la escala de tono de su papá). En la
siguiente página de tu libro Hubbard dice:
"A
estas personas se las debe sacar de la sociedad tan rápido como sea posible e
internarlos a todas en un hospital para enfermos mentales".
Así
que los cienciólogos odian a la siquiatría y pagan mis pasajes y hoteles cuando
el fundador de su iglesia aconsejaba internar a algunos "en un hospital para
enfermos mentales" según sus propias palabras.
En tu
libro Hubbard no sólo se hecha contra los gays, sino contra las mujeres que
tienen que abortar. En el capítulo 18 Hubbard dice: "En 1.1 una madre intentará
abortar". Qué punto de coincidencia con la postura del Papa y los evangélicos
del presidente Bush. En La ciencia de la
supervivencia Hubbard coquetea fantaseando con el genocidio de estas
personas. Por ejemplo, en las páginas 205-6 habla de "deshacerse de ellas con
calma y sin pesar", a lo que añade, "eliminar repentina y bruscamente", y que
"sólo es necesario eliminar a los individuos que están de 2.0 hacia abajo". Hubbard
puso esta ilustración:
"Un
dictador venezolano decidió una vez acabar con la lepra. Se dio cuenta de que
la mayor parte de los leprosos de su país también eran mendigos. Con el simple
recurso de reunir y destruir a todos los mendigos de Venezuela, se puso fin a
la lepra de ese país".
¿No se parecen estos pasajes al Mein
Kampf de Hitler? No hay que perder de vista que el blanco de Hubbard no
eran los leprosos sino los "supresivos", en que incluye a los gays (como su
hijo Quentin), mujeres que abortan (como millones lo hacen en el mundo) e
infinidad de otras personas. Pero Hubbard no termina ahí. En muchos pasajes de
tu libro de texto aparecen declaraciones similares. Por ejemplo, en la página
212 habla de otro de sus bajos "tonos", los que "practican el amor libre" (a
pesar de que él tuvo relaciones extramatrimoniales). Y dice cosas aun peores. Sobre
los casos de gente perturbada mentalmente Hubbard aconseja "no sientas
compasión por él" (página 218).
Quizá
creas que éstos son pecadillos ocasionales de Hubbard pero que el corpus
general de su edificio es básicamente bueno. Hablemos un poco del negocio en
esta religión. Cienciología es la iglesia que más dinero les saca a sus fieles.
Para alcanzar el grado de lo que en la secta se denomina "claro" el estudiante
ha debido haber desembolsado unos $50,000 dólares: lo que cuesta un
departamento decoroso en la ciudad en que nacimos. Y para llegar al nivel de OT
9 ("tetán operativo" noveno nivel) el estudiante ya debió pagar $380,000
dólares, lo que cuesta una buena casa en Estados Unidos. Obviamente, sólo los
cienciólogos ricos pueden llegar a ese nivel. Pero incluso en los niveles para
gente de clase media se les hace comprar libro tras libro; cinta tras cinta, durante
los interminables cursos.
Quizá
creas que el gasto para llegar a los niveles avanzados no es importante. Debo
entrar pues en materia sobre la llamada "tech" ("teachings", enseñanzas) de Hubbard, especialmente el
área que conozco mejor: la salud mental.
He
leído tres voluminosos libros sobre Hubbard y la Iglesia de Cienciología. Dos
fueron escritos por cienciólogos que rompieron con esa iglesia, Bent Corydon y
Jon Atack; otro por un biógrafo inglés, Russell Miller. Ron Hubbard Jr., el
hijo primogénito de Hubbard, colaboró estrechamente con Corydon para escribir
su libro. Esta colección provee una imagen muy clara y consistente sobre el fundador
de Dianética y Cienciología.
·
Hubbard creía ser el resultado de un
aborto fallido en 1911: la clave para entender el odio hacia su madre, quien lo
maltrataba, y el aborto en general.
·
Polly Grubb fue la primera esposa de
Hubbard. Ron Hubbard Jr. describió a su padre como un golpeador de Polly, y dice
que le daba a él y a su hermana chicles untados con una droga, fenobarbital. En
palabras del primogénito de Hubbard: "Mi padre solía pegarle a menudo a mamá.
Recuerdo en 1946 o 1947 cuando le estaba pegando una noche y yo tenía un rifle
de calibre 22 y me senté en las escaleras teniéndolo en la mira y casi le vuelo
la cabeza".
·
En un arrebato de ira poco después de la
Navidad de 1950, cuando nacía su Dianética, Hubbard trató de estrangular a Sara
Northrup, su segunda esposa; y debido a los golpes le rompió la trompa de
Eustaquio, quedando mermada su capacidad auditiva.
·
En 1951 Hubbard quiso internar a Sara en
un manicomio. Durante el conflicto Hubbard le arrebató a su hija Alexis para fugarse
con ésta a Cuba. Tuvo que regresar a Estados Unidos cuando la prensa hizo un
escándalo con la historia. Posteriormente desheredaría a su hija.
·
Una de las amantes de Hubbard dijo:
"Hablaba mucho de su niñez. No me quedé con la impresión de que fue una niñez
feliz. Había mucha amargura ahí sobre sus padres".
·
Mary Sue fue la tercera esposa de Hubbard.
Además de Quentin, Hubbard humilló a sus demás hijos de su tercer matrimonio. Por
ejemplo, en su barco Hubbard tenía a un grupo de ninfetas llamadas mensajeras. En
una ocasión le ordenó a una de estas niñas que le escupiera a Diana en la cara,
la hija de Hubbard y Mary.
·
En 1978 Mary Sue fue sentenciada y cumplió
una condena en la cárcel debido a que la Guardian
Office de la Iglesia de Cienciología, que presidía Mary y Hubbard, infiltró
unas oficinas del gobierno.
· Hubbard
murió en enero de 1986 en su rancho cerca de Creston, California; tiempos en que
yo vivía en ese estado. Un examen de sangre del cadáver reveló que le habían
inyectado Vistaril (antihistamínico con efecto sedativo usado como droga en
casos de pacientes histéricos). Eso lo reporta Robert Young, un ex oficial de
la iglesia. Al cadáver de Hubbard se le veía incluso el piquete de la inyección
en las nalgas.
¿Te
han revelado estas cosas tus maestros de Dianética y Cienciología? Si no lo han
hecho te están tomando el pelo ($$). Los incisos de arriba son tan ciertos que
un cienciólogo creyente a carta cabal en su religión me confirmó que conocía
los hechos del encarcelamiento de Mary Sue, y que Ron Hubbard Jr. decía que su
papá apaleaba a su mamá.
Todo
esto es sólo la cresta del iceberg en la vida de Hubbard. Hay mil anécdotas más
en los libros que leí; pero a lo que quiero llegar es a lo siguiente:
Si L. Ron Hubbard no alcanzó un mínimo de
salud mental, su técnica es falsa.
Así de simple.
Como
te dije en otra ocasión, no existe un álgebra de la mente. Y aun suponiendo que
existiera, Hubbard no llegó a la letra A de esa álgebra. De manera similar a
otros creadores de imperios religiosos gringos —John Smith (mormones), Eleen
White (adventistas del séptimo día) y Mary Baker Eddy (científicos
cristianos)—, Hubbard creó un edificio religioso para cegarse de lo que le
habían hecho sus padres de chico. Su "tech", abreviación de "teachings", supuesta álgebra de la
mente es lo diametralmente opuesto a lo que hago: escribir libros
autobiográficos sobre mi dolor, lo único que reconcilia a uno con el pasado. En
su vasta obra no hay una sola línea en que Hubbard hable sobre el dolor de su
infancia que conocían tan bien las mujeres con quienes se confesaba: Barbara
Kaye por ejemplo. Precisamente debido a que no sabía nada de su mente, Hubbard
repitió patrones de conducta abusiva no sólo en sus tres matrimonios, sino
hacia sus fieles (en uno de mis correos electrónicos te decía que mandó
encerrar a unos niños en los calabozos de su barco), y murió en estado de
virtual demencia.
Si te
escribo estas cosas no es para ofenderte, Germán. Más bien, me duele en lo más
hondo el hecho que, teniendo un hermano que ha dedicado los últimos años de su
vida a estudiar la mente científicamente, te hayas dejado seducir por la "tech"
de un charlatán psicópata.
Ojalá
que, a diferencia de mi correos electrónicos no respondidos, quieras entrar en
comunicación conmigo sobre lo que aquí digo.
César.
La secta a la que mi hermano cayó
Un dolor muy personal
La única
manera en que puedes
controlar a la
gente es mentirles.
L. Ron Hubbard
Originalmente
tenía planeado continuar en estas fechas con una autobiografía en varios tomos
que estoy escribiendo. Un dolor personal me movió posponer su escritura: que mi
hermano no respondiera mis cartas y que en octubre de 2005, un año después de
que recibiera de manos de nuestra madre la carta publicada en las páginas
pasadas, me enterara que seguía tomando cursos de dianética.
Me
sentí en extremo ofuscado porque mis más caras razones fueron simple y
llanamente ignoradas. Así que decidí escribir este libro a fin de lograr una cura
de mi alma.
En mi
carta le dije a Germán que Hubbard creó su religión para cegarse de lo que le
hicieron de chico. Muy independientemente de la cura que este pequeño libro
representa, aquí mostraré cómo, quienes reprimen el dolor de su niñez, ocasionalmente
se refugian en la religión o en la megalomanía.
Después
de enviarle la misiva a Germán apostillé mis argumentos en una posdata:
Se me
olvidó decirte en la carta que te dejé ayer que las biografías de la iglesia
sobre Hubbard están llenas de mentiras piadosas. A diferencia de esas
hagiografías, en la vida real:
1. Es ridículo creerle a Hubbard que a sus
tres y medio años ya domaba caballos broncos.
2. Igualmente fantasiosa es otra historia
que cuenta: que a sus cuatro años fue un "hermano de sangre" de los indios pies
negros.
3. No está comprobado, como lo dicen algunas
biografías de la iglesia, que a los doce años Hubbard era el Eagle Scout más
joven en Estados Unidos.
4. Tampoco es cierto que en 1924 fue amigo
de Cal Coolidge Jr., el hijo del presidente de Estados Unidos.
5. Ni es verdad que haya estudiado con gurús
de China, India y el Tíbet de 1925 a 1929.
6. Aunque perteneció a un club de
exploradores y viajó, en los 1930 Hubbard no fue un explorador de verdad ni un
físico nuclear como alega cierta literatura de la iglesia.
7. Hubbard no participó en combates de la
Segunda Guerra Mundial ni fue herido ni ganó medallas de valentía: una de sus
mayores mentiras.
8. Dado que no sufrió heridas en combates,
la afirmación que su técnica lo curó de tales heridas es una mentira sobre otra
(verdaderos achaques como su úlcera y su pobre vista lo acompañaron de por vida
por más "tech" que Hubbard desarrollara).
9. Dianética no es original de Hubbard: es
una mezcla entre freudismo, las enseñanzas de Nandor Fodor y su estrecho
contacto con un discípulo de Aleister Crowley en 1946-1947.
10. Tanto la palabra "Cienciología" como su
definición ya existían antes de que Hubbard se apropiara de esos términos.
Mi
hermano tampoco contestó esta misiva. Debido a su perene silencio ante mi
correspondencia, rompimos contacto.
Tres años antes de su muerte
Hubbard escribió: "Yo jamás les he mentido o engañado". Pero Ron Hubbard Jr.
afirmó: "Yo diría que el 99 por ciento de lo que mi padre ha escrito sobre su
vida es falso".
A los
estudiantes de Cienciología se les dice que ésta es una reformulación de las
verdades místicas que aprendió Hubbard en el lejano oriente, aunque presentada
con los rigores de la ciencia occidental. La verdad es que Hubbard hizo
exactamente lo mismo que hicieron timadores como Lobsang Rampa, Carlos
Castaneda y, en lengua española, J. J. Benítez: escritores que presentaron su
ficción literaria como sucesos reales y embaucaron a miles de ingenuos. Al
igual que Rampa, el autor de El tercer
ojo, un bestseller cuando Germán y yo éramos niños, Hubbard jamás estuvo en
el Tíbet. Ni en la India. Y el breve viaje que hizo a China a los diecisiete
años con sus padres fue vacacional. Ni siquiera el diario que se conserva del adolescente
Hubbard menciona iniciación alguna con los místicos de China. Al contrario: el muchacho
Hubbard describió a los templos lama como "miserables, fríos y andrajosos [...];
quienes ahí rinden culto tienen voces como de ranas mugidoras". Décadas después
la iglesia crearía el mito que el joven Ron había pasado veladas enteras con
los sabios China. La historia real parece ser que Hubbard cumplía su servicio en
la marina norteamericana cuando alcanzó a sus padres, pero al llegar a China no
fue bien recibido por ellos, y, posteriormente, intentó inflar su autoimagen con
cuentos chinos a fin de que sus admiradores le dispensaran la estima que de chico
tan dolorosamente careció.
Contra
los deseos de sus padres Hubbard inició su carrera como escritor de revistas
sensacionalistas. En los años treinta
escribió ciencia-ficción pop, y en los años cuarenta ganaba un centavo por
palabra. A ese ritmo tenía que ser prolífico para mantener a su esposa e hijos.
A sus amigos, entre ellos Harlan Ellison, les solía decir: "Trabajar por un
centavo por palabra no vale la pena; hay que fundar una religión".
Como
la inmensa mayoría de quienes andan metidos en sectas, el estudiante de Cienciología
típico es un individuo ignorante. No sabe, ni le interesa siquiera, la
biografía real de Hubbard o el marco histórico en que su iglesia surgió. Pocos
cienciólogos saben que en 1950 hubo un gran renacimiento religioso en Estados
Unidos. Las cruzadas de Billy Graham y otros revitalizaron un cristianismo que
al otro lado del Atlántico agonizaba. Todas las iglesias estadounidenses crecieron
en prosélitos: movimiento que explica la brecha que se abre cada vez más con el
Viejo Mundo. La iglesia de los "moonies", probablemente con más membresía al
principio del siglo XXI que la iglesia de los cienciólogos, nació el mismo año
que la Dianética. Además, los primeros cincuenta años del siglo XX fueron los más
terroríficos en la historia de la siquiatría mundial, y fue precisamente en el
país de Hubbard donde la siquiatría alcanzó su más siniestro nivel. Uno de los
datos que mejor retrata el terror siquiátrico que cundió en Estados Unidos en
tiempos del Tercer Reich es que algunos médicos alemanes se horrorizaron de las
lobotomías de sus colegas americanos.
A
manera de reacción ante esta siquiatría bárbara, comparable a los peores experimentos
con judíos, en Estados Unidos florecieron sicoterapias alternativas como la
orgonomía de Wilhelm Reich o la semántica general de Alfred Korzybski. El
cienciólogo común tampoco se percata de la analogía del "electropsicómetro" que
a diario usan en su iglesia, que inventó el quiropráctico Volney Mathison en
los años cuarenta, con el "neurocalómetro" de los quiroprácticos: un
dispositivo eléctrico que supuestamente detectaba enfermedades a través de la
médula espinal. Más populares en esos tiempos fueron las "cajas orgón" de Wilhelm
Reich, un discípulo de Freud, que cargaban con "energía orgón" al usuario. Lo
que es más, la idea de los "tetanes corporales", el gran dogma de Hubbard según
el cual todos sufrimos los recuerdos traumáticos de unos alienígenas, tiene un
antecedente en los escritos de otro brillante chiflado: Alfred William Lawson. Lawson
creía que en el cerebro humano existían criaturas microscópicas llamadas menorgs que operan los sistemas mentales
dentro de las células. Nótese la analogía con Star Wars Episodio I
donde la inmensa cantidad de ese tipo
de seres en el niño Anakin Skywalker llamó la atención a un maestro Jedi.
La
técnica de salud mental de Hubbard hizo su agosto en una Norteamérica desconfiada
de una siquiatría opresiva y embaucada con terapias alternativas. Muchos americanos
estaban ávidos de sicoterapias simplistas y poco dispuestos a un trabajo
interno profundo. Varias veces discutí con Germán acerca de que la única salvación de los
desajustes mentales se encuentra en un duelo profundo en la soledad de la
recámara. Al igual que millones de humanos mi hermano creyó hallar un atajo,
una "técnica" por usar sus palabras, que le prometía curar su alma sin el duelo
que me ha llevado a mí, y a otros, a escribir nuestras memorias.
Una experiencia humillante
Debo
confesar que, de octubre de 2004 a
junio de 2007, recibí una iguala mensual de parte de cienciólogos por ayudarlos
en sus actividades de denuncia de la siquiatría. Trabajé con ellos porque
fueron los únicos dispuestos a remunerar mis conocimientos antisiquiátricos; y
porque después de quedarme sin carrera en México debido a los sucesos de mi
adolescencia, no tuve otra alternativa laboral.
Solyenitsin
ha dicho que incluso en el hombre malvado hay un rincón de bien. Si bien es
cierto que los detractores de Hubbard lo ven tan loco como era, han fallado en
no reconocer el rincón de bien en su legado. La iglesia que creó Hubbard intenta
destronar a la siquiatría de igual manera como el catolicismo retrógrado de
Polonia contribuyó a destronar al comunismo. A veces el diablo mismo se esconde
detrás de la mejor de las causas.
En el mundo
hay varios grupos, tanto de profesionales como de sobrevivientes, que denuncian
a la siquiatría: pero debido a su músculo económico la Iglesia de Cienciología
es la que acapara más prensa. En 1969 Hubbard fundó la Citizen
Commission of Human Rights (CCHR), llamada Comisión
Ciudadana por los Derechos Humanos en México. Los esfuerzos de CCHR pudieran
ser útiles en denostar a la siquiatría ante la opinión pública. Es fundamental valorar
su repulsa de drogar a los niños con químicos siquiátricos a fin de
controlarlos en la escuela, así como al infatigable activismo que hacen para despertar
a la sociedad civil de su letargo sobre esta situación escandalosa. Es una pena
que los detractores fallen en reconocer este "rincón de bien", como puede verse
en las páginas web que critican a Cienciología.
Martin Gardner mismo, el padre del movimiento escéptico en Norteamérica, toma
partido por la siquiatría. Dos años después de que Hubbard publicara Dianetics Gardner publicó Fads and fallacies in the name of science,
su primer libro crítico de seudociencias y terapias fraudulentas, en el que
incluye a la dianética. Desde la introducción a Fads and fallacies Gardner no se percata que la siquiatría
biológica es, al igual que dianética y demás terapias paranormales, una falsa
ciencia.
A pesar de sus esfuerzos, buena parte de la denuncia que los
cienciólogos hacen de la siquiatría se sale de la realidad. Por ejemplo, según cuenta
Ron Hubbard Jr., su padre creía que se beneficiaría enormemente si se apropiara
del campo de salud mental. Más loco era la creencia de Hubbard y sus actuales
seguidores de atribuir todos los males de la historia y prehistoria a los
siquiatras. Para trabajar con ellos, en septiembre de 2004 concerté una cita en
las oficinas de un empresario en Paseo de la Reforma en la Ciudad de México. Hablando
desinhibidamente sobre la siquiatría, el acreditado cienciólogo me informó que
los siquiatras dominaban al mundo ¡desde hace millones de años!
No me
sorprendió. Para entonces ya había leído las biografías de Hubbard y sabía que
David Mayo, uno de los colaboradores más cercanos a Hubbard y el primero en producir
un gran cisma en la iglesia, recibió varias cartas de Hubbard en 1980 cuando
aún era un oficial leal. A Mayo le preocupó el estado mental de Ron. Hubbard
decía que, desde tiempos inmemoriales, los siquiatras habían sido la raíz de
las calamidades del universo; que habían creado el mal en cierto sistema solar.
Pero incluso mucho antes de esa revelación, en 1967 Hubbard ya había afirmado
haber identificado al enemigo de Cienciología. Según sus propias palabras: "La
siquiatría y la salud mental fueron escogidas como vehículo para socavar Occidente
¡y nosotros nos interpusimos en su camino!"
Más de
una vez he tratado de discutir con cienciólogos sobre los grandes males del
siglo en que nacimos, como los regímenes totalitarios, pero en su visión-túnel no
parecen ver más mal que la siquiatría. La pobreza, la sobrepoblación, las
dictaduras, el ecocidio y un sin fin de temas quedan fuera de su visión. Por
otra parte, los siquiatras abusan únicamente de seres indefensos, por ejemplo, los
niños drogados por siquiatras que mencionaba; generalmente no abusan de figuras
poderosas. La paranoia de Hubbard y sus seguidores que los siquiatras están detrás
de todo mal se llega a reflejar incluso un par de décadas después de su muerte.
Varios cienciólogos mexicanos, incluyendo la directora de CCHR y otros dignatarios
de la iglesia, me dijeron reiteradamente que temían hablarme por teléfono
porque las líneas podían estar intervenidas por sus archienemigos siquiatras. Uno
de los oficiales llegó al extremo de salirse apresuradamente de un restaurante
durante una conversación conmigo cuando sospechó que algún espía podía estar
entre los comensales. El cienciólogo acreditado en los cursos avanzados vive en
un estado constante de folie à deux con
la ancestral paranoia de Hubbard. Es común que justifiquen la agresividad de la
iglesia con los periodistas que la critican alegando "tenemos que defendernos
de la siquiatría", cosa que me recuerda la justificación estalinista de que la
Unión Soviética tenía que matar a los disidentes "debido al cerco del mundo
capitalista". En ambos casos un enemigo externo, real o imaginario, es usado
como pretexto para cometer crímenes.
Leer
la literatura de CCHR provoca risa en el lector. Se afirma que los siquiatras fueron
responsables de la Primera Guerra Mundial; la ascensión de Hitler y del
Holocausto, de Stalin y del bolchevismo; de las guerras genocidas de Bosnia y
Kosovo, e incluso responsables de los atentados del 11 de septiembre. Originalmente
supuse que los cienciólogos se guardaban sus teorías de una megaconspiración
mundial para la literatura interna de la iglesia. Estaba equivocado. Su exhibición
antisiquiátrica internacional, Siquiatría:
Una Industria de la Muerte, en grandes pancartas culpa a la siquiatría del
genocidio de la Alemania nazi y Yugoslavia, del bolchevismo e incluso de los
terroristas islamitas. Aunque he confrontado a algunos cienciólogos sobre estos
dislates, las discusiones fueron surrealistas. Ninguno tenía noción sobre la historia
del siglo XX, y resultó evidente que creen esas cosas única y exclusivamente porque
son doctrina oficial de su iglesia. Los escritos de Hubbard sobre siquiatría
están plagados de otros pronunciamientos locos. Por ejemplo, en Processes, un boletín oficial del 11 de
diciembre de 1964, y con su típica sintaxis incongruente, Hubbard escribió que
los siquiatras "mataron a varios millones de personas —así que no es asunto
liviano... Se dice que el 331/3 por ciento de todos los pacientes
sicoanalíticos se suicidaron en los primeros tres meses de tratamiento".
Aunque
me disgusta el sicoanálisis jamás lo acusaría de falsedad tan patente. Asimismo,
en un capítulo de La ciencia de la
supervivencia Hubbard escribió: "En lo que a nosotros respecta un psicótico
es un individuo [...] a quien se debe cuidar para proteger a los demás de él, o
a él de sí mismo". Más adelante Hubbard habla de "pacientes psiquiátricos", y, una
vez más, con su típica descuidada sintaxis vuelve a definir al psicótico como
"una amenaza de muerte para las personas, las cosas [sic], si no para sí
mismo", y considera que "el suicidio siempre es psicótico".
Estos
pasajes son indistinguibles de la postura siquiátrica más ortodoxa. A
diferencia de la imagen de Hollywood, la gente perturbada ("esquizofrénica") no suele ser más
violenta que la gente cuerda. Asimismo, en algunos casos el suicidio es un acto
de cordura, no de locura como celosamente mantienen los siquiatras y como
ratificó Hubbard. Lo que es más, Hubbard se expresa de forma más despectiva
hacia la gente perturbada que la misma biblia de los siquiatras, el Manual diagnóstico y estadístico de los
trastornos mentales (DSM por sus siglas en inglés), publicado por la
Asociación Psiquiátrica Americana. De hecho, en La ciencia de la supervivencia Hubbard pinta a la gente perturbada
como los temibles psicópatas que vemos en las películas. En contraste, la
primera sección del DSM se limita a describir los trastornos mentales.
Cierta
vez hablaba con mi hermano sobre una conocida nuestra que tuvo una fuerte crisis
emocional enfrente de mí. Germán me preguntó si ella "estaba en tiempo
presente". Menciono la anécdota porque tanto mi hermano como sus
correligionarios ignoran que muchas ideas de Hubbard son plagios. Hubbard
escribió que la gente en crisis psicótica "no puede distinguir entre pasado,
presente y futuro", y siempre ávido de acuñar neologismos innecesarios nombró a
esa condición "PTS 3", siglas del tercer grado de Potential Trouble Source:
concepto del que diré algo más adelante. Pero la idea es original del doctor E.
R. Balken. Siete años antes de que Hubbard creara su dianética Balken ya había
publicado, en inglés, que el esquizofrénico no puede distinguir entre pasado,
presente y futuro. Como muchos conceptos que aparecen en Cienciología, Hubbard
no le dio crédito a Balken (independientemente del plagio, la explicación de
Balken y Hubbard sobre la locura es simplona).
En Los
Ángeles existe el museo Siquiatría: Una
Industria de la Muerte, inaugurado por la iglesia en 2005, en el que se
basa la exhibición internacional con el mismo nombre. Impresionantes
instrumentos de tortura que los siquiatras han usado en los siglos pasados asustan
al visitante. La exhibición es similar a los museos sobre la Inquisición
española y representa lo que considero la parte luminosa en la Iglesia de
Cienciología: la denuncia del mal, aunque limitada a las violaciones a los
derechos humanos en el sector de salud mental. Dicho esto, si los mandatarios
de la iglesia fueran un poco inteligentes, CCHR, supuesto brazo secular de la
iglesia, estaría a cargo de los
entendidos. Éstos jamás mezclarían las justas denuncias del museo con teorías
de una megaconspiración de los siquiatras detrás de la Primera Guerra Mundial, Hitler
o bin Laden.
Sección de la exhibición de CCHR
[si no se ve esta imagen dar clic aquí]
La
exhibición va acompañada de un DVD con el mismo nombre de "una industria de la
muerte", el cual se le ha obsequiado a miles de personas: una enorme inversión de parte de la iglesia.
Aunque en el DVD se entrevista a muchos críticos seculares de la siquiatría, en
el capítulo final la voz en off de un cienciólogo alega que "detrás de cada
crisis mundial se encontrará la mano de la siquiatría". Con tal aseveración, la
labor que representó esta exhibición que le ha dado la vuelta al mundo, y los
DVDs obsequiados, huele a paranoia.
Si quienes donan dinero a CCHR lo donaran mejor a los críticos laicos, éstos habrían causado mil veces más daño a la siquiatría que lo que ha logrado la iglesia. Además de retirar la ridícula teoría de la megaconspiración de la exhibición internacional, si CCHR estuviese a cargo de la gente secular se habrían fundado casas editoras para traducir y publicar los mejores libros contra la siquiatría en países donde se les desconoce. El mundo hispanohablante es un buen ejemplo porque, al momento de escribir, sólo existe un libro erudito disponible en el mercado que, con referencias bibliográficas actualizadas, hace una evaluación crítica de la siquiatría biológica: Modelos de locura, editado por John Read, Loren Mosher y Richard Bentall y traducido al castellano en 2006. México en particular ha sido sede de dos congresos internacionales sobre antisiquiatría secular en 1978 y en 1981 (me refiero a la crítica a la profesión que nada tiene que ver con la Iglesia de Cienciología). En lo personal, de haber estado a cargo de CCHR México, yo habría tenido en mente algo aún más ambicioso, como el memorable encuentro de intelectuales convocado por Octavio Paz y Enrique Krauze en 1990 a raíz del desmoronamiento del comunismo y la caída del Muro de Berlín. Con los fabulosos subsidios que recibe CCHR habría organizado un encuentro invitando a Thomas Szasz, Robert Whitaker y a los profesionales que publican en la revista Ethical human psychiatry and psychology, fundada por el doctor Peter Breggin. También invitaría a David Oaks, director de Mind Freedom International, organización que representa a miles de sobrevivientes de la siquiatría. En lugar de tan elemental idea, cuando trabajé con cienciólogos presencié cómo un millonario regiomontano llevó, año tras año, a numerosos invitados al museo de Los Ángeles con viaje y viáticos pagados. Tanto este generoso patrocinador, como otros patrocinadores millonarios, abonan grandes cantidades a una iglesia que nombra como directores de la treintena de filiales de CCHR International alrededor del mundo únicamente a quienes han tomado cursos de Ron. El resultado es que gente que ni siquiera ha leído a los clásicos, Foucault, Laing y Szasz, o a los nuevos críticos de la siquiatría que publican en la revista especializada de Peter Breggin, preside la poderosa organización antisiquiátrica.
Unas palabras sobre lo que podría denominar el affair Breggin. Los cienciólogos son tan paranoicos
con sus críticos que, por usar su lenguaje, "desconectaron" al doctor Breggin. En
principio, esto parece inexplicable si consideramos que Breggin ha sido el
médico más conocido del mundo entre quienes luchan contra drogar
siquiátricamente a los niños: ¡precisamente el área en que CCHR enfoca la mayoría
de sus esfuerzos! Pero el hecho es que en el museo, los DVDs y las revistas de
CCHR, que contienen incontables referencias de los profesionales críticos de la
siquiatría, no se hace una sola mención de Breggin. ¿Cómo es posible esto? El
caso es que Ginger Breggin, la esposa de Peter Breggin, había sido ciencióloga.
Pero después de una grave crisis mental en que Ginger llegó a albergar ideación
infanticida hacia su hijita, apoyada por su marido rompió con la Iglesia de Cienciología.
Eso fue suficiente para que los cienciólogos "desconectaran" a Ginger Breggin. Aunque su marido jamás fue cienciólogo, borraron toda
mención de Peter Breggin de sus textos sin importarles la estatura de Breggin
en el campo, quien el año 2000 fue invitado al Congreso estadounidense para
hablar en contra de la drogadicción siquiátrica a los niños.
A nivel personal, una anécdota ilustra desde otra perspectiva la estrechez mental de los cienciólogos. La directora de CCHR México, Rossana Fernández, está acreditada en la iglesia con niveles avanzados de auditación. Pero en los años en que la traté no leyó un solo libro docto de estos críticos de la siquiatría: sólo el panfleto de una mamá que se opuso al psicofármaco Ritalín que le recetaron a su hija. Una de las actitudes de la directora Rossana que precipitó mi renuncia fue pretender corregirme, vía e-mail, una ponencia que presentaría en el Hospital General Siglo XXI en junio de 2007 ("¡Quítale esto, añádale esto otro!"). Mi protesta ante la osadía de esta mujer ignorante devino en que se suspendiera el pago de mi iguala. Jan Eastgate, la directora de CCHR International al momento de escribir, no se queda atrás. Es muy significativo, por ejemplo, que esta directora "internacional" no conozca otro idioma que el inglés. Carmen Ávila, quien presidía CCHR México antes de Rossana, se quejó conmigo que al visitar las oficinas de CCHR Los Ángeles no pudiera comunicarse con su jefa Jan.
Confieso
que mi experiencia con Rossana fue surrealista y, a veces, humillante. Quien no
había leído un solo tratado serio sobre siquiatría era mis jefa. En cambio, un par de décadas de
investigación me costó en Estados Unidos, Inglaterra y México comprender a la siquiatría.
La iglesia vende el slogan de que "Cienciología hace que la gente capaz sean
más capaces", pero a juzgar por los hechos lo opuesto parece verdad: a pesar de
sus generosos subsidios los cienciólogos con quienes traté eran gente incapaz. Cierto
que, mientras hagamos a un lado su teoría de la megaconspiración, el museo de Los
Ángeles es elogiable. Pero cuando invitan a dignatarios a visitarlo, como he
visto que lo hacen con políticos mexicanos con viaje y viáticos pagados, los
conducen a otro museo en Hollywood que le rinde culto a Hubbard.
The L. Ron Hubbard Life Exhibition es el
museo de las mentiras: estantes de libros de ciencia-ficción escritos por
Hubbard que omiten decir que se trata de literatura barata o de revistas
sensacionalistas; fotografías y artefactos de viajes de Hubbard en varias
partes del mundo que lo presentan como si hubieran sido auténticas expediciones
científicas; incontables diplomas, agradecimientos, proclamaciones, premios de
dudoso valor y muchas otras maravillas. ¡Hubbard llegó al extremo de hacerse
fotografiar con medallas del ejército norteamericano que en realidad no poseía!
Ya me imagino la impresión que la visita a The
L. Ron Hubbard Life Exhibition causa en quienes no tienen a Ron por gurú. Por ejemplo, a pesar de que los cienciólogos lo premiaron en Los Ángeles a principios de siglo por un programa televisivo en que denunció a la droga Ritalín, el conocido comunicador mexicano Ricardo Rocha declinó ulteriores invitaciones de la iglesia (vale decir que sus oficinas se encontraban a pocas cuadras de las oficinas generales de CCHR México, estas últimas ubicadas en la calle Cordobanes #47: detrás del Teatro de los Insurgentes de la capital mexicana).
La
característica que mejor distingue a una secta es que le rinde culto a la
personalidad de su fundador. Cierta vez le dije a Germán que en Cienciología se
rendía culto a Hubbard. Mi hermano lo dudó, pero toda actividad en Cienciología
es muestra fehaciente del culto que se le rinde a Hubbard. Por ejemplo, un
enorme retrato pintado de Hubbard en cuerpo entero y con una de sus manos sobre
el globo terráqueo aparece en la pared izquierda del gigantesco auditorio armado
donde se imparte el informe anual ante miles de adeptos. La imagen de Hubbard
con su poderosa mano sobre la Tierra es simbólica. (David Miscavige, quien al
momento de escribir es el papa de la iglesia, ha declarado públicamente que el
objetivo final es que Cienciología sea el eje alrededor del cual se desarrolle la
sociedad humana —un sueño que me recuerda al de Felipe II de convertir al mundo
entero al catolicismo, y al sueño de los islamitas contemporáneos.) La
literatura de la iglesia está repleta de hazañas sobre las más diversas
actividades de Hubbard, no sólo como soldado sino como horticultor, marinero,
músico, guionista de cine e incluso filósofo. Hay una serie de panfletos
lustrosos con tipografía artística y fotografías a color llamada La serie Ronald. La presentación de
libros de lujo, ocasionalmente con canto de oro en las hojas, es típica en la
iglesia. Cuando Hubbard falleció una magnífica edición en inglés de Dianetics con cubierta de piel fue
donada a las bibliotecas: edición conmemorativa que la iglesia anunció incluso
en televisión.
Como
le dije a Germán, antes de trabajar con ellos di una conferencia denunciando
los crímenes de la siquiatría en el edificio de la iglesia en avenida
Cuauhtémoc #576. Al terminar, el director me regaló dos lustrosos panfletos de La serie Ronald mientras me
fotografiaron mostrando sus portadas. Los diversos títulos de la serie rezan:
"El administrador", "El artista", "El aventurero / explorador", "El avezado
marino", "El aviador", "El cineasta", "El creador de música", "El educador",
"El escritor", "El filósofo", "El fotógrafo" y "El poeta / lírico". La iglesia
se esfuerza desmedidamente en mostrar a Hubbard como un superdotado que
dominaba todos los campos del saber humano. Como también le dije a Germán,
Hubbard llegó a decir cosas tan ridículas como que tenía conocimientos de
física nuclear. El título original de uno de sus libros era All about radiation by a nuclear physicist
and a medical doctor. La triste realidad es que en el breve tiempo que
estuvo en la universidad Hubbard ni siquiera aprobó los cursos de física que
tomó.
En
cada uno de los panfletos de La serie
Ronald aparecen distintas fotografías con Hubbard posando cuidadosamente
frente a la cámara. De toda esta glorificación lo único cierto es que Hubbard
fue un escritor popular de ciencia-ficción. El trabajo de Hubbard como músico o
cineasta es tal basura que ni sus más acérrimos seguidores lo muestran al
público: se limitan a mostrar fotografías de Hubbard disfrazado de músico o de director
de cine. Los "hallazgos" de Hubbard en horticultura son tan seudocientíficos
que ninguna revista especializada ha publicado alguno de ellos. Además, la
iglesia escamotea los datos pertinentes de la biografía de Hubbard. Ni una
palabra se les dice a los estudiantes sobre sus primeros matrimonios. Cuando he
tenido la oportunidad de tocar el tema con algún cienciólogo me percato que
sólo se les habla de Mary Sue: la única de sus esposas que creyó en la "tech" de
su marido. Asimismo, ninguna de las cosas que le señalé a mi hermano es mencionada
en los textos oficiales ni siquiera para rebatirlas. También se oculta que
Hubbard fue detenido por la policía por haber dejado a su bebé Alexis, hija de
su segunda mujer, sola en el coche: algo que hizo cuando ya había creado la dianética.
Cuando confronto a un cienciólogo que cree en las rosadas hagiografías es común que me salgan con racionalizaciones. Por ejemplo, al tocar el tema de la muerte de Quentin Hubbard con Mary Campos en Monterrey, la ciencióloga alegó que había sido un asesinato perpetrado por los enemigos de la iglesia. Pero Quentin ya había tenido un intento de suicidio en 1974, como mostraré en un subsecuente capítulo. Posteriormente, en octubre de 1976 Quentin fue hallado en estado comatoso dentro de un coche estacionado en Las Vegas con el motor encendido. Fue llevado de urgencia al hospital y murió dos semanas después sin haber vuelto a cobrar conciencia.